La familia se encontraba en el centro de la ciudad y habían pensado permanecer allí durante todo el día para poder visitar y pasear por todos los lugares y rinconcitos bonitos que tenía aquella zona. Hacía bastante tiempo que la familia no contemplaba aquel lugar debido a todo lo sucedido anteriormente. Pasaron todo el día en familia e iban de sitio en sitio. En todas sus conversaciones hablaban sobre los temas que habían sacado en el tranvía y pensaron planificarle una boda a Grete, ya que tenía veintinueve años y llevaba ocho saliendo con su novio. También gestionaron mudarse a una casa más pequeña y cómoda como querían. Al caer la tarde el cansancio no podía con ellos y decidieron volver a casa para poder descansar.
Cuando iban de camino solo se les venía a la cabeza el tema de Gregorio y volvieron a retornar la misma conversación de la que habían estado hablando hace poco: ¿qué harían con Gregorio? Así pasaron todo el viaje, hablando sobre esto, pero no llegaron a ningún acuerdo por parte de ninguno. Al llegar a casa soltaron todas las cosas y la madre indicó al padre y a la joven, mientras ella hacía la cena, que fueran a sus correspondientes habitaciones a cambiarse y a ordenar todo lo que hubiera por medio y luego se dieran una ducha refrescante. Cuando finalizaron todo lo que la madre les había pedido se sentaron a cenar. Estuvieron hablando de nuevo sobre Gregorio para ver que harían con él, pero esta vez llegaron a un acuerdo: incinerarlo. La familia ya se había desprendido de Gregorio y continuaron su vida sin ninguna preocupación.
Al cabo de los meses, después de llevar bastante tiempo buscándola, compraron la casa que deseaban, más pequeña y barata y, sobre todo, mejor situada y más práctica que la actual, y se fueron a vivir en cuanto pudieron. Cuando por fin se ubicaron en su nueva casa comenzaron a planificar la boda de su hija. Se fijó para el día dieciocho de mayo y invitaron a multitud de familiares y amigos.
El día de la boda de Grete se celebró a lo grande. Para Grete fue la fecha más importante de toda su vida aunque se acordó muchísimo de su hermano Gregorio al que echaba bastante de menos. Una vez finalizó la boda, Grete se fue a vivir con su marido Lucas a una ciudad de Alemania contigua a la que vivían los padres de Grete y allí tuvieron dos hijos, Lucía y Marcos. La casa era en la que convivían era enorme y tenía preciosas vistas al mar. Grete empezó a trabajar en una importantísima empresa en la que su marido era el jefe.c
Un martes cualquiera, cuando Grete y Lucas se fueron a levantar para llevar a sus hijos a la guardería e ir a trabajar, no podían creer lo que veían sus ojos. Para su grandísima sorpresa, Grete se había convertido en un terrible insecto al igual que su hermano. Parecía ser que eso de sufrir la metamorfosis venía de familia. Grete se embajonó muchísimo y siguió toda su vida siendo un monstruoso insecto al que todos despreciaban. Perdió su trabajo y muchas amistados debido a su espeluznante apariencia.
lunes, 20 de enero de 2014
Tres sombreros de copa.
CONTINUACIÓN DEL LIBRO.
(Dionisio está saliendo de la habitación para montar en el coche que lo conduce a su boda).
DIONISO. ¿Todavía estás aquí?
PAULA. (Llorando) Sí.
DIONISIO. (Emocionado) Paula, quiero que sepas que nunca te olvidaré, esta última noche de soltero ha sido la mejor de mi vida.
PAULA. ¡Pero tú te casas en 2 horas!
DIONISIO. Me casaré sin estar enamorado de Margarita. Yo te pretendo a ti.
DON ROSARIO. Dionisio, corra que le están esperando.
DIONISIO. (A Paula) He de irme.
(Se cierra el telón y cuando está preparado se vuelve a abrir. Dionisio ya está en la iglesia dirigiéndose al altar con Margarita. El mobiliario que se encuentra en el escenario, de izquierda a derecha, es un crucifijo, una mesa de altar y dos filas de sillas con un pasillo central vacío.)
MARGARITA. Dionisio por fin ha llegado el día de nuestra boda.
(Dionisio no contesta)
CURA. (Lleva un rato hablando hasta que llega el "Sí quiero") Dionisio, ¿Aceptas a Margarita como esposa en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, durante todos los días de tu vida?
DIONISIO. Sí, quiero.
CURA. Margarita ¿Aceptas a Dionisio como esposo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, durante todos los días de tu vida?
MARGARITA. Sí, quiero.
(Se cierra nuevamente el telón y cuando se vuelve a abrir están en el salón de la celebración de la boda, en la mesa de los novios sentados los dos).
MARGARITA. (Susurrándole al oído a Dionisio y mostrándole unas entradas que tiene entre las manos) Mira lo que tengo, te regalo unas entradas para ir a Music Hall esta tarde, será el mejor día de nuestra vida.
DIONISIO. (Nervioso) S... S.. Sí claro. Pero antes tengo un asuntillo importante que zanjar, vete a casa y espérame allí, no tardaré demasiado.
MARGARITA. De acuerdo, cariño.
(Salen los dos del escenario, se cierra el telón y cuando se abre está Dionisio abrazado a Paula ).
DIONISIO. No lo puedo soportar Paula. Estoy enamorado de tí, no de Margarita.
PAULA. ¿Estás loco? ¿de qué viviremos?
DIONISIO. Conseguiré hacer con los tres sombreros lo no nunca visto en un circo.
PAULA. ¿Nos dará eso para llevar una vida honrada?
DIONISIO. No me has entendido bien Paula, seré el mejor malabarista del mundo.
(Se besan)
TELÓN.
Libertad.
Y
sí, como os imagináis, después de todo el esfuerzo que hice para
averiguar cosas del caso, no me sirvieron de nada, volví al
sanatorio.
Había
estado un tiempo fuera de allí, y al volver vi que había ingresada
gente nueva en el sanatorio. Nada más llegar el doctor Sugrañes me
llamó para presentarme a dos nuevos compañeros.
-DGS,
estos van a ser dos nuevos compañeros. Son Pablo
y Lucas.
-Hola,
encantado de conoceros y si necesitáis de mi ayuda, podéis contar
conmigo.
Los
días pasaron y todo transcurría con normalidad. Un día, como
cualquier otro, me sorprendí cuando me avisaron de que tenía una
visita. Había venido Mercedes, después de tanto tiempo.
-Que
de tiempo sin saber nada de ti, ¿no vas a venir a darme un abrazo?
-Claro
que si, faltaría más. ¿A qué se debe esta inesperada visita?
-Hace
tiempo que llevo dándole vueltas a todo lo ocurrido estas últimas
semanas, y pienso que no es justo que tengas que estar aquí.
-No
deberías haberte molestado, ya escuchastes al comisario Flores.
-Bueno,
ya lo veremos, déjalo en mis manos.
Pasaron
los días y seguía con mi rutina en el centro. Un día vi como
llegaba el comisario con Mercedes. Los dos se acercaron a mi, y el
comisario me dio una carta. En ella se decía que, por mi esfuerzo y mi
buen razonamiento en el intento de descubrir los sucedido con las
niñas desaparecidas, era puesto en libertad y podía dejar el
manicomio en este mismo momento.
Después de unos días de papeleos, por fin logré marcharme a comenzar una nueva vida fuera.
Después de unos días de papeleos, por fin logré marcharme a comenzar una nueva vida fuera.
El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde
A la mañana siguiente, el Sr. Utterson se despertó confuso, no
daba crédito a lo que había leído en la carta.
Se vistió y salio de la habitación, se
dirigió al salón, se disponía a sentarse en su sillón y a leer un libro cuando
alguien llamo a la puerta. Cuando abrió la puerta, vio a un hombre alto,
delgado, tenía los ojos marrones y pelo castaño, bestia con un traje de
chaqueta y un sombrero.
-¿Es usted el Sr. Utterson?- pregunto
aquel hombre.
-Sí, soy yo ¿que desea?- le contesto el
Sr. Utterson
- Soy el abogado del Dr. Lanyon, el a
muerto y vengo a darle lo que le a dejado por herencia-
-A muerto, y como a sido-
-Fue asesinado, por un tal Hyde- le dijo
el abogado
Entonces el Sr. Utterson recordó la carta
que le había mandado el Dr. Lanyon antes de morir.
-Bueno, tome lo que le a dejado el Dr.
Lanyon, adiós - le dijo el abogado al Sr. Utterson.
Aquel extraño hombre se fue rápidamente,
sin que el Sr. Utterson pudiera preguntarle nada más. Cerró la puerta y puso el
paquete en la mesa del salón, lo abrió y lo que se encontró le sorprendió
bastante. Lo que había en el paquete fue una botella con un líquido verde, unas
sustancias y unas formulas. Cogió el líquido, y lo miro muy detenidamente.
-¿Tal vez este liquido sea el que usaba el
Dr. Jekyll para transformarse en aquel monstruo?- se preguntaba
La tentación de bebérselo era grande, pero
consiguió resistirse, así que cogió las cosas que estaban en la mesa y las puso
en su caja fuerte, con el fin de olvidarse de todo.
Los días pasaban, haciendo la misma rutina
de siempre, pero sin olvidarse del bebedizo. Y un día, ya no pudo más, la
tentación no podía con el, abrió la caja fuerte y saco todo lo que había
dentro, puso las cosas en la mesa y cogió el frasco, se lo bebió de un trago
pensando cual seria su aspecto.
Los segundos pasaban y no ocurría nada,
pero de repente una sensación recorría su cuerpo, estaba empezando la
transformación. Al terminar, se sentía muy bien, se dirigió al espejo para
mirarse, y lo que vio no le sorprendió demasiado, ya se espera el aspecto que
tendría, pero lo que si se fijo, era en que, al contrario que al Dr. Jekyll, su
estatura era mayor que la anterior.
Cogió la botella de nuevo, y se bebió el
líquido otra vez, para ver si volvía a ser el mismo pero no fue así, su cuerpo
seguía en el mismo estado.
- ¿Que puedo hacer, no tengo a nadie que
pueda ayudarme con mi problema? - pensaba, mientras se sentaba en una silla.
Decidió entonces irse a la cama para ver
sí se pasaban los efectos, pero al día siguiente seguía en el mismo estado,
decidió entonces ir a la casa del Dr. Jekyll.
- Quizás en sus notas encuentre algo que
pueda ayudarme- se decía a sí mismo. Cogió su sombrero y su bastón, y se
dirigió a la casa de su amigo. Cuando llego, llamo a la puerta y abrió Poole.
Se sorprendió bastante cuando vio al Sr. Utterson.
-¿Quien es?- pregunto Poole.
- Soy yo, el Sr. Utteson. Me he tomado el
bebedizo y no puedo volver a mi estado normal- le respondió.
- ¿Para que ha venido?, el profesor ya no
esta aquí- le dijo Poole. En efecto, el Dr. Jekyll ya no se encontraba en aquel
lugar, después del incidente con Mr. Hyde.
- He venido por que en sus notas de
investigación debe haber algo que pueda ayudarme-
- Pase, pero no se si habrá algo que pueda
ayudarle- Le respondió Poole desconcertado.
Abrieron la puerta del gabinete, miraron
dentro, había un montón de recipientes, sustancias y papeles escritos. Buscaron
y buscaron todo el día, pero no encontraron nada, por lo que el Sr. Utterson
decidió irse a su casa.
- Volveré mañana para seguir buscando- le
dijo a Poole.
Al día siguiente, los dos siguieron
buscando, y cuando toda esperanza parecía perdida, Poole se percato de una de
las notas de Jekyll.
- Mira- le dijo.
La nota ponía, " En caso de que falle
el bebedizo, doblar la dosis".
-Eso es, en mi casa tengo la formula y
todas las sustancias que necesito, las traeré aquí- le dijo a Poole.
Fue a su casa y llevo todas las cosas que
necesitaba. Entre los dos consiguieron duplicarla la dosis o eso creían ellos,
en realidad lo que hicieron fue un veneno muy potente. El Sr. Utterson cogió el
líquido y se lo bebió de golpe, de repente el, se sentía muy cansado, el
corazón le empezaba a parar.
- ¿Que le ocurre?- pregunto Poole
asustado.
-Me siento muy débil- le respondió
Entonces el doctor se desplomo en el
suelo, intentando desesperadamente resistir ante lo que podría ser su final.
-Pide ayuda, Poole- le dijo el Sr.
Utterson
Poole fue a buscar a un medico. Cuando
llego con el medico, el Sr. Utterson yacía en el suelo, sin alma. El medico le
miro el pulso.
- Esta muerto- dijo el medico
El tragaluz.
PARTE TERCERA.
(El telón vuelve a abrirse, allí aparece ELLA y ÉL. Los focos enfocan únicamente a ellos dos, todo lo demás está oscuro. Suena de repente una melodía para anunciar que seguido del acto que va a transcurrir la historia se acaba.)
ELLA: Como veis, Mario, mató a su hermano tal y como lo soñó en el sueño. La escena que vais a ver transcurrió 14 días después de lo último.
EL: Aquí ya descubrimos lo que le pasaba al padre realmente, quién o el qué ha sido el/la consecuente de sus trastornos.
ELLA: Espero que les guste el último acto.
(Todo se apaga, ellos dos desaparecen. Se encienden unos focos que enfocan dónde se encontraban Encarna y Mario, en la Editora.)
ENCARNA: (Un poco decaída y pensativa) Mmm... Mario...
MARIO: Dime, Encarna.(Le interrumpe Mario antes de que ella terminara la frase.)
ENCARNA: ¿Qué sentiste realmente cuándo te distes cuenta de que, sin querer, habías matado a tu hermano?
MARIO: No quiero decírtelo, tengo miedo a que después de esto no quieras saber nada de mi, o no me hables nunca más, o lo peor de todo, que te dieses cuenta de que has estado confusa todo este tiempo y que por el que siempre hayas sentido realmente fuera mi hermano y no por mí.
ENCARNA: Eso no va a pasar, Mario. Te apoyaré me digas lo que me digas. Ten por seguro que sé a quién he querido y a quién quiero, y ese sólo eres tú.
MARIO: Esto me tranquiliza aún más. (Mira a Encarna con los ojos vidriosos.) Tal vez algún día no aguante más y se lo tenga que contar a alguien, y antes de hacer una locura y contárselo a otra persona, prefiero que seas tú.
ENCARNA: Adelante, soy toda oídos.
MARIO: Sinceramente, cuando lo estaba haciendo no sabía bien lo que estaba haciendo, si estaba haciendo lo correcto o no. Había algo que no me dejaba pararme a pensar u dejar de hacerlo, me tiraba más para el lado de hacerlo. Una vez hecho me arrepentí. Por mucho que me haya hecho siguía siendo mi hermano. Le diré la verdad a mis padres, pero después de que mi padre se recupere.
ENCARNA:Tienes razón. A pesar de todo seguía siendo tu hermano. No pienso decirte nada sobre lo que has hecho. Tú lo has hecho, yo no te puedo decir nada. Vamos a casa de tus padres y allí hablamos con tu madre para lo de tu padre. (Dice algo nerviosa y moviendo las piernas.)
MARIO: Sí, vamos.
(Los dos salen de la oficina y se dirigen hacia casa de sus padres. Llaman al timbre y les abre El padre.)
EL PADRE: ¡Hombre! ¡Qué alegría! Pasad, pasad.
ENCARNA: Te traigo unas postales que te van a gustar mucho. (Mario y Encarna sonríen.)
EL PADRE: Si es así, pasen. (Dice con picardía.) Mi mujer está haciendo punto.
(Entran hacia dentro. Mario y Encarna se sientan en el sofa. La madre está sentada en una silla haciendo punto. El padre se sienta junto a Encarna.)
LA MADRE: ¡¡Ohhh, que alegría de volver a veros!! ¿Qué os trae por aquí? Voy a por unas ensaimadas y unos cafés. En seguida vuelvo.
(La madre se levanta y se dirige a la cocina, mientras Encarna y Mario conversan.)
MARIO: Encarna, llévate a mi padre a la salita y entretelo con las nuevas postales. Yo hablaré con mi madre sobre lo que te dije antes.
ENCARNA: Está bien. Vamos a la salita, señor. Le enseñaré lo que le dije antes y que, además, te iba a gustar mucho.
(Los dos se dirigen hacia la salita. La Madre llega con los cafés y las ensaimadas.)
LA MADRE: ¿Y Encarnita?
MARIO: La he mandado con papá a la salita para que le enseñase las nuevas postales y así podamos hablar con más tranquilidad.
LA MADRE: ¿Hablar sobre qué?
MARIO: Hablar sobre Papá. Ya sabemos que la consecuencia de que papá esté así fue por lo del tren y por culpa de Vicente. No quiero que papá siga así hasta que fallezca, tiene que haber médicos que estén especializados en este tipo de enfermedades. Tengo unos ahorros que lo podríamos emplear para que papá se cure.
LA MADRE: (Un poco sorprendida.) Creo que será lo correcto, pero creo que debo decirte algo...
MARIO: Dime, mamá.
LA MADRE: Anoche estuve hablando con él. Tuvimos una conversación bastante formal y seria, hacía mucho tiempo que no teníamos una así, de verdad. Estaba sorprendida al ver a tu padre así... Te reconocía a ti, preguntó por Vicente, ya que había notado su ausencia. (La cara de Mario cuando su madre nombra a su hermano se pone pálida.) sabía quién era él, sabía quién era yo y lo éramos. Incluso me contó lo pase hace tantos años sobre lo de tu hermana que falleció y el tren.
MARIO: Increíble, pero cierto. Papá desde que enfermó nunca había estado así, ¿verdad?
LA MADRE: Que va, hijo. Por eso me extrañó.
Esta mañana madrugué y fui a visitar a un doctor. Le conté todo lo que había pasado durante estos años y sus palabras me dejaron verdaderamente hipnotizada.
MARIO: ¿Qué dijo..?
LA MADRE: 'Las postales le ayudan mucho a reforzar la memoria, pero ha habido más de un caso así en el mundo y siempre ha sido porque alguien haya fallecido. Es decir, su cuerpo y el de esa persona estaban atraídos y, si uno estaba bien el otro estaba mal, y al morir el que estaba bien, el que estaba mal volvía a ser quién era o viceversa. El que ha sufrido esa enfermedad suele volver a ser el mismo a las dos semanas.' Inmediatamente me fui de allí, me parecía absurdo lo que estaba diciendo. Pero de camino a casa pensé que sí podría tener algo de sentido, me puse en lo peor, Mario.
MARIO: ¿Qué pensaste, mamá?
LA MADRE: Que a Vicente le había pasado algo, no sé de él desde hace tiempo...
(Mario se levanta y va corriendo a la salita a por Encarna.)
MARIO: Encarna, vamos al salón, tenemos que hablar con mi madre.
ENCARNA: Está bien.
MARIO: Papá, duerme que se ha hecho de noche.
(Encarna cierra la puerta y los dos vuelven al salón.)
MARIO: Mamá vuelve a repetirle todo a Encarna. Desde lo que hablaste con papá hasta que te fuiste de la clínica.
(Esta se lo cuenta todo. Rápidamente después de que terminase Mario se levanta y se pone al lado de su madre.)
MARIO: Mamá, no pensaba decirte nada de esto hasta que papá se recuperase, pero una vez contado todo esto, te lo diré.
LA MADRE: (Nerviosa a más no poder. No deja de comerse las uñas. Inquieta.) Dime...
MARIO: Hace tiempo soñé con Vicente, soñé que lo mataba, que lo tiraba por un precipicio. Hace dos semanas lo hice mamá. (La madre se hecha a llorar. Encarna y Mario la abrazan.) No había nada que me parase a no hacerlo o pensarlo. Lo hice sin ninguna razón, luego me sentí realmente mal. Dios me castigará por esto. Esto se me quedará grabado de por vida. Lo siento muchísimo, te quiero.
LA MADRE: Ahora me cuadra todo... El doctor tenía razón; papá se ha recuperado porque estaba atraído con Vicente y al morir él, papá se ha recuperado. Difícil de creer.
MARIO: Exactamente, mamá. Te pido perdón, pero no sabía que me pasaba.
LA MADRE: Al fin y al cabo tu hermano ya estaba mayor... si aquel fue su fin no podemos hacer nada...
ENCARNA: ¿Creéis que debéis contárselo a papá?
MARIO: Sí. Vamos a esperarnos un tiempo a ver como sigue la cosa y si ha mejorado del todo.
LA MADRE: ¿Qué le diremos si pregunta por él?
ENCARNA: Lo más creíble es que se ha ido por un tiempo de vacaciones.
MARIO: Eso es.
LA MADRE: Mejor decírselo ya antes de que él pregunte porque si no seguro que nos echará en cara que por qué no se lo dijimos antes.
MARIO: Tienes razón.
Encarna: Yo voy a por él.
MARIO: Encarna, díselo tu allí. No quiero que papá vea a mamá así. Sospechará
LA MADRE: Sí, mejor.
(Encarna se levanta y se dirige hacia la salita. Se sienta en la cama junto con El padre.)
ENCARNA: Tengo que decirte algo.
El PADRE: Venga, dime.
ENCARNA: Vicente se ha ido por un temporada de vacaciones. Te informo para que después no digas que no te decimos nada sobre las noticias que pasan.
EL PADRE: Gracias por la información, guapa.
(Encarna sale del cuarto y se va para el salón.)
ENCARNA: Ya se lo he dicho. Mario, vamos a recoger al pequeño de casa de mi madre, se nos hizo tarde.
MARIO: Mamá, nos tenemos que ir. Conversa ahora con padre y salid a tomar un poco el aire, os vendrá bien. Mañana venimos de nuevo.
LA MADRE: Está bien, mañana, si tengo ánimos, prepararé algo para merendar. (Llorando y con el corazón encogido.)
(Se cierra el telón. Todo se apaga. De nuevo aparecen ELLA y ÉL. Unos focos de color verde los enfoca.)
ELLA: Esperemos que os haya gustado.
ÉL: Ya pueden salir por el lateral derecho, muchas gracias.
(APLAUSOS. SE CIERRA EL TELÓN.)
(El telón vuelve a abrirse, allí aparece ELLA y ÉL. Los focos enfocan únicamente a ellos dos, todo lo demás está oscuro. Suena de repente una melodía para anunciar que seguido del acto que va a transcurrir la historia se acaba.)
ELLA: Como veis, Mario, mató a su hermano tal y como lo soñó en el sueño. La escena que vais a ver transcurrió 14 días después de lo último.
EL: Aquí ya descubrimos lo que le pasaba al padre realmente, quién o el qué ha sido el/la consecuente de sus trastornos.
ELLA: Espero que les guste el último acto.
(Todo se apaga, ellos dos desaparecen. Se encienden unos focos que enfocan dónde se encontraban Encarna y Mario, en la Editora.)
ENCARNA: (Un poco decaída y pensativa) Mmm... Mario...
MARIO: Dime, Encarna.(Le interrumpe Mario antes de que ella terminara la frase.)
ENCARNA: ¿Qué sentiste realmente cuándo te distes cuenta de que, sin querer, habías matado a tu hermano?
MARIO: No quiero decírtelo, tengo miedo a que después de esto no quieras saber nada de mi, o no me hables nunca más, o lo peor de todo, que te dieses cuenta de que has estado confusa todo este tiempo y que por el que siempre hayas sentido realmente fuera mi hermano y no por mí.
ENCARNA: Eso no va a pasar, Mario. Te apoyaré me digas lo que me digas. Ten por seguro que sé a quién he querido y a quién quiero, y ese sólo eres tú.
MARIO: Esto me tranquiliza aún más. (Mira a Encarna con los ojos vidriosos.) Tal vez algún día no aguante más y se lo tenga que contar a alguien, y antes de hacer una locura y contárselo a otra persona, prefiero que seas tú.
ENCARNA: Adelante, soy toda oídos.
MARIO: Sinceramente, cuando lo estaba haciendo no sabía bien lo que estaba haciendo, si estaba haciendo lo correcto o no. Había algo que no me dejaba pararme a pensar u dejar de hacerlo, me tiraba más para el lado de hacerlo. Una vez hecho me arrepentí. Por mucho que me haya hecho siguía siendo mi hermano. Le diré la verdad a mis padres, pero después de que mi padre se recupere.
ENCARNA:Tienes razón. A pesar de todo seguía siendo tu hermano. No pienso decirte nada sobre lo que has hecho. Tú lo has hecho, yo no te puedo decir nada. Vamos a casa de tus padres y allí hablamos con tu madre para lo de tu padre. (Dice algo nerviosa y moviendo las piernas.)
MARIO: Sí, vamos.
(Los dos salen de la oficina y se dirigen hacia casa de sus padres. Llaman al timbre y les abre El padre.)
EL PADRE: ¡Hombre! ¡Qué alegría! Pasad, pasad.
ENCARNA: Te traigo unas postales que te van a gustar mucho. (Mario y Encarna sonríen.)
EL PADRE: Si es así, pasen. (Dice con picardía.) Mi mujer está haciendo punto.
(Entran hacia dentro. Mario y Encarna se sientan en el sofa. La madre está sentada en una silla haciendo punto. El padre se sienta junto a Encarna.)
LA MADRE: ¡¡Ohhh, que alegría de volver a veros!! ¿Qué os trae por aquí? Voy a por unas ensaimadas y unos cafés. En seguida vuelvo.
(La madre se levanta y se dirige a la cocina, mientras Encarna y Mario conversan.)
MARIO: Encarna, llévate a mi padre a la salita y entretelo con las nuevas postales. Yo hablaré con mi madre sobre lo que te dije antes.
ENCARNA: Está bien. Vamos a la salita, señor. Le enseñaré lo que le dije antes y que, además, te iba a gustar mucho.
(Los dos se dirigen hacia la salita. La Madre llega con los cafés y las ensaimadas.)
LA MADRE: ¿Y Encarnita?
MARIO: La he mandado con papá a la salita para que le enseñase las nuevas postales y así podamos hablar con más tranquilidad.
LA MADRE: ¿Hablar sobre qué?
MARIO: Hablar sobre Papá. Ya sabemos que la consecuencia de que papá esté así fue por lo del tren y por culpa de Vicente. No quiero que papá siga así hasta que fallezca, tiene que haber médicos que estén especializados en este tipo de enfermedades. Tengo unos ahorros que lo podríamos emplear para que papá se cure.
LA MADRE: (Un poco sorprendida.) Creo que será lo correcto, pero creo que debo decirte algo...
MARIO: Dime, mamá.
LA MADRE: Anoche estuve hablando con él. Tuvimos una conversación bastante formal y seria, hacía mucho tiempo que no teníamos una así, de verdad. Estaba sorprendida al ver a tu padre así... Te reconocía a ti, preguntó por Vicente, ya que había notado su ausencia. (La cara de Mario cuando su madre nombra a su hermano se pone pálida.) sabía quién era él, sabía quién era yo y lo éramos. Incluso me contó lo pase hace tantos años sobre lo de tu hermana que falleció y el tren.
MARIO: Increíble, pero cierto. Papá desde que enfermó nunca había estado así, ¿verdad?
LA MADRE: Que va, hijo. Por eso me extrañó.
Esta mañana madrugué y fui a visitar a un doctor. Le conté todo lo que había pasado durante estos años y sus palabras me dejaron verdaderamente hipnotizada.
MARIO: ¿Qué dijo..?
LA MADRE: 'Las postales le ayudan mucho a reforzar la memoria, pero ha habido más de un caso así en el mundo y siempre ha sido porque alguien haya fallecido. Es decir, su cuerpo y el de esa persona estaban atraídos y, si uno estaba bien el otro estaba mal, y al morir el que estaba bien, el que estaba mal volvía a ser quién era o viceversa. El que ha sufrido esa enfermedad suele volver a ser el mismo a las dos semanas.' Inmediatamente me fui de allí, me parecía absurdo lo que estaba diciendo. Pero de camino a casa pensé que sí podría tener algo de sentido, me puse en lo peor, Mario.
MARIO: ¿Qué pensaste, mamá?
LA MADRE: Que a Vicente le había pasado algo, no sé de él desde hace tiempo...
(Mario se levanta y va corriendo a la salita a por Encarna.)
MARIO: Encarna, vamos al salón, tenemos que hablar con mi madre.
ENCARNA: Está bien.
MARIO: Papá, duerme que se ha hecho de noche.
(Encarna cierra la puerta y los dos vuelven al salón.)
MARIO: Mamá vuelve a repetirle todo a Encarna. Desde lo que hablaste con papá hasta que te fuiste de la clínica.
(Esta se lo cuenta todo. Rápidamente después de que terminase Mario se levanta y se pone al lado de su madre.)
MARIO: Mamá, no pensaba decirte nada de esto hasta que papá se recuperase, pero una vez contado todo esto, te lo diré.
LA MADRE: (Nerviosa a más no poder. No deja de comerse las uñas. Inquieta.) Dime...
MARIO: Hace tiempo soñé con Vicente, soñé que lo mataba, que lo tiraba por un precipicio. Hace dos semanas lo hice mamá. (La madre se hecha a llorar. Encarna y Mario la abrazan.) No había nada que me parase a no hacerlo o pensarlo. Lo hice sin ninguna razón, luego me sentí realmente mal. Dios me castigará por esto. Esto se me quedará grabado de por vida. Lo siento muchísimo, te quiero.
LA MADRE: Ahora me cuadra todo... El doctor tenía razón; papá se ha recuperado porque estaba atraído con Vicente y al morir él, papá se ha recuperado. Difícil de creer.
MARIO: Exactamente, mamá. Te pido perdón, pero no sabía que me pasaba.
LA MADRE: Al fin y al cabo tu hermano ya estaba mayor... si aquel fue su fin no podemos hacer nada...
ENCARNA: ¿Creéis que debéis contárselo a papá?
MARIO: Sí. Vamos a esperarnos un tiempo a ver como sigue la cosa y si ha mejorado del todo.
LA MADRE: ¿Qué le diremos si pregunta por él?
ENCARNA: Lo más creíble es que se ha ido por un tiempo de vacaciones.
MARIO: Eso es.
LA MADRE: Mejor decírselo ya antes de que él pregunte porque si no seguro que nos echará en cara que por qué no se lo dijimos antes.
MARIO: Tienes razón.
Encarna: Yo voy a por él.
MARIO: Encarna, díselo tu allí. No quiero que papá vea a mamá así. Sospechará
LA MADRE: Sí, mejor.
(Encarna se levanta y se dirige hacia la salita. Se sienta en la cama junto con El padre.)
ENCARNA: Tengo que decirte algo.
El PADRE: Venga, dime.
ENCARNA: Vicente se ha ido por un temporada de vacaciones. Te informo para que después no digas que no te decimos nada sobre las noticias que pasan.
EL PADRE: Gracias por la información, guapa.
(Encarna sale del cuarto y se va para el salón.)
ENCARNA: Ya se lo he dicho. Mario, vamos a recoger al pequeño de casa de mi madre, se nos hizo tarde.
MARIO: Mamá, nos tenemos que ir. Conversa ahora con padre y salid a tomar un poco el aire, os vendrá bien. Mañana venimos de nuevo.
LA MADRE: Está bien, mañana, si tengo ánimos, prepararé algo para merendar. (Llorando y con el corazón encogido.)
MARIO: Nos vamos, mamá. Te quiero.
ENCARNA: Adiós, guapa, un beso. (Se cierra el telón. Todo se apaga. De nuevo aparecen ELLA y ÉL. Unos focos de color verde los enfoca.)
ELLA: Esperemos que os haya gustado.
ÉL: Ya pueden salir por el lateral derecho, muchas gracias.
(APLAUSOS. SE CIERRA EL TELÓN.)
Continuación del libro "Rebeldes"
Tres
semanas más tarde, después de la llamada de Ponyboy al
profesor y realizar la redacción, sucedió algo en la casa de Pony. Los cimientos de la casa se venían
abajo y corrían un gran peligro. No tenían suficiente dinero para arreglarlo.
Entonces Darry pensó en buscar un trabajo mejor
pagado. Encontró un trabajo en un taller con mucha clientela, y con su sueldo
intentaría pagar el arreglo de la estructura de la casa, o comprar una nueva.
Pero este nuevo trabajo estaba en otra ciudad, a unos 50 kilómetros. Soda
siguió el ejemplo de Darry, y también encontró un trabajo en el mismo
taller. Y aunque sabía que les serviría para arreglar la casa y enderezar sus
vidas, no le gustaba nada tener que mudarse. Además, no sabían cómo decírselo a
Pony, ya que sabían que no le gustaría la idea, y estaba pasando una mala
racha.
Pony estaba muy triste: sabía que sus
hermanos estaban buscando trabajo y no sabía dónde lo encontrarían; seguramente
tendrían que abandonar el barrio si el trabajo era lejos, y eso él no lo
soportaba. Además en menos de 1
mes le habían pasado un montón de desgracias: la muerte de Johnny y Dally, los
problemas con su casa…
A la mañana siguiente de encontrar el
trabajo Darry le tuvo que decir la mala noticia a Pony:
-¡Pony ven!
-Dime Darry.
-Tengo una mala noticia, he encontrado trabajo nuevo.
-¿Y qué tiene eso de malo?- preguntó Pony.
-Que es en otra ciudad, me pagan muy bien. Nos tendremos
que mudar, y gracias a un contacto nos quitan el alquiler de los 3 primeros
meses. Lo siento, pero es la única solución a nuestros problemas económicos.
-Darry, ¡eso no puede ser!- exclamó Pony-¿Qué piensa Soda de
todo esto?
-Él también está disgustado.
-¿Y cuando nos vamos?
-Mañana. Tienes que despedirte de los chicos en media hora,
ya que me tienes que ayudar a guardar todo.
-Vale.
Pony salió
corriendo a buscar a los chavales. Tras una larga y triste conversación, se
despidió y fue a casa. Una vez allí se quedo hablando con Soda mientras recogía
la casa. Los dos pensaban que no era buena idea abandonar el barrio, aunque
sabían que era por su bien y su futuro.
Se mudaron al día siguiente, y aunque
pasaron varios días Pony no se acostumbraba a su nuevo hogar. Cómo no tenía
otra opción siguió con su vida, se apretó en los estudios, y siguió practicando
atletismo.
Cada semana que pasaba, Pony se iba
acordando menos de su antiguo barrio. Allí encontró nuevos amigos, y poco a
poco dejo de ser un greasers, se
convirtió en alguien normal para la sociedad. Decidió cortarse el pelo, aunque
sus hermanos no estuvieron de acuerdo. Y así siguieron pasando los días, y, aunque
Pony, Darry y Soda fueron olvidando su barrio, pero nunca olvidaron a sus
antiguos y verdaderos amigos.
domingo, 19 de enero de 2014
La leyenda del Cid.
Tras la muerte del Cid, doña Elvira y doña Sol cayeron en una pequeña depresión que se solucionaba a base de llantos y lamentos, el mayor consuelo que tenían eran sus maridos, que las intentaban tranquilizar. Un día, ellas se cambiaron de vestimentas y dejaron de llorar, pensaron que lamentarse no cambiaría nada, sino que empeorarían. Vieron que el castillo estaba muy entristecido, no escuchaban las voces de sus criados desde hacía meses y aún menos una risa. Decidieron cambiar de actitud. Empezaron a salir de su habitación y comenzaron a devolver todo el cariño a sus esposos, que las habían cuidados con mucho amor. Hicieron una fiesta para volver a las risas de antaño, pero ellas seguían desganadas aunque aunque se fueron animando poco a poco. A los pocos meses de esto, doña Elvira y doña Sol fueron a visitar doña Jimena, su madre. Cuando fueron se la encontraron en la cama, llena de sangre, con un puñal clavado en el pecho. Las hijas del Cid fueron corriendo donde estaba, la movieron, la agitaron, le chillaron. Nada, no respondía, estaba muerta.
Al rato de esto, entraron sus maridos por la puerta con la espada en mano, creyendo que les habían echo algo, cuando vieron a la mujer del Cid en la cama, se santiguaron, don Fernando acompañó a las mujeres al salón para que no vieran el cadáver, se veía que estaba violado y torturado. Los dos príncipes buscaron pruebas de algo, cuando movieron un poco el cuerpo vieron una nota, en la que ponía:
-El Cid nos humilló, después sus soldados nos atacaron y ahora, os iremos matando uno por uno hasta que solo queden sus hijas...
Cuando leyeron ésto se quedaron de piedra, no podían seguir leyendo nada más, ya que la sangre lo había borrado. Como dos truenos, los príncipes salieron de la casa, cogieron a doña Elvira y a doña Sol, las montaron en su carruaje y volaron de allí. Doña sol dijo:
-¿Por qué nos llevais de vuelta al castillo sin antes enterrar a nuestra madre?- Dijo sollozando- ¿por qué sois tan crueles?.
Don Fernando la miró y contesto:
-Alguien intenta matar a toda vuestra familia y después os harán algo muy malo, no lo pudimos leer bien- Le dijo asustado- Pero cariño, no te preocupes que no pasará nada.
Al decir esto, las dos hijas del Cid se quedaron de piedra, nunca habían oído una locura semejante.
Era una noche tranquila cuando los príncipes llamaron a toda la familia del Cid, se reunieron en Castilla, de allí era uno de los príncipes. Les contó lo que habían leído:
-Alguien quiere matar a toda la familia del Cid, así que no confiéis en nadie y andar con cautela. Al oír esto todos se miraron y empezaron a gritar o a correr, hasta que se calmaron. Al ser de noche todos se quedaron en el castillo, y decidieron dormir todos juntos.
Fuera solo se oía el viento chocando contra los cristales, hasta que de pronto sonó un grito, todos salieron corriendo a donde provenía, no vieron nada, hasta que de pronto vieron que la armadura que está de adorno sangraba, le quitaron el casco y allí lo vieron, un criado, no era de la familia. La noche se ponía tensa. Don Fernando se vistió de criado. Empezó a sonar ruidos en todo el castillo, toda la familia del Cid estaba en la sala principal siendo protegidos por el marido de doña Elvira. Don Fernando andaba con cuidado por los continuos ruidos. Cuando entró en la cocina y abrió la cazuela para ver la comida, observó una cabeza flotando en el guiso. Don Fernando se retiró y empezó a mirar por todos lados, salió corriendo de la cocina. Cuando estaba más tranquilo subió al segundo piso, encendió un candil, vio una figura a lo lejos corriendo hacia él, sacó la espada pero no le hizo nada ya que era otro criado, se puso en los brazos del príncipe y le dijo:
-Huye de aquí, he visto...- Y antes de que terminase de hablar una flecha le impactó en el pecho, muriendo en el acto.
Don Fernando no aguantaba más y empezó a gritar de que aparecieran. Pero, cuando menos se lo esperaba vio a lo lejos un hombre con una espada brillante bañada en sangre, era Tizona, una espada del Cid, cuando miró para atrás observó a otra persona con otra espada del Cid, que también chorreaba sangre, era Colada. Ambos corrieron para el supuesto criado que, en un movimiento de mano, salió una lluvia de flechas hacia las dos sombras. El príncipe se acercó, eran los infantes de Carrión pidiendo clemencia, don Fernando, sonriendo, les quitó ambas espadas y haciendo el que se retira, dio una vuelta y decapitó a los dos asesinos.
Todos sorprendidos por esos dos bastaros, hicieron una fiesta por la muerte de los dos deshonrados, hasta que de pronto, una flecha llameante salió de la nada impactando en la rodilla del joven príncipe. Había un hombre más allí. No se tardó mucho tiempo en encontrar quien lo había echo. Lo vieron encendiendo una flecha, éste estaba tumbado, concentrado en lo que hacía, miró hacia arriba. Vio a los infantes de Carrión decapitados, en el pecho de ambos ponía, MUERTE, se dio la vuelta y, sin darse cuenta, tenía una espada clavada en la garganta, y de pronto, otra espada se le clavó en el cuello, haciendo una muerte rápida, y dolorosa, cuando llegaron las personas hacia el cadáver, todos dijeron lo mismo: Ese era el conde García Ordoñez, que odiaba al Cid con toda su alma.
Pasaban los dias y siguieron igual, hasta que un día, alguien vio los tres cadáveres colgados en el techo del castillo.
Al rato de esto, entraron sus maridos por la puerta con la espada en mano, creyendo que les habían echo algo, cuando vieron a la mujer del Cid en la cama, se santiguaron, don Fernando acompañó a las mujeres al salón para que no vieran el cadáver, se veía que estaba violado y torturado. Los dos príncipes buscaron pruebas de algo, cuando movieron un poco el cuerpo vieron una nota, en la que ponía:
-El Cid nos humilló, después sus soldados nos atacaron y ahora, os iremos matando uno por uno hasta que solo queden sus hijas...
Cuando leyeron ésto se quedaron de piedra, no podían seguir leyendo nada más, ya que la sangre lo había borrado. Como dos truenos, los príncipes salieron de la casa, cogieron a doña Elvira y a doña Sol, las montaron en su carruaje y volaron de allí. Doña sol dijo:
-¿Por qué nos llevais de vuelta al castillo sin antes enterrar a nuestra madre?- Dijo sollozando- ¿por qué sois tan crueles?.
Don Fernando la miró y contesto:
-Alguien intenta matar a toda vuestra familia y después os harán algo muy malo, no lo pudimos leer bien- Le dijo asustado- Pero cariño, no te preocupes que no pasará nada.
Al decir esto, las dos hijas del Cid se quedaron de piedra, nunca habían oído una locura semejante.
Era una noche tranquila cuando los príncipes llamaron a toda la familia del Cid, se reunieron en Castilla, de allí era uno de los príncipes. Les contó lo que habían leído:
-Alguien quiere matar a toda la familia del Cid, así que no confiéis en nadie y andar con cautela. Al oír esto todos se miraron y empezaron a gritar o a correr, hasta que se calmaron. Al ser de noche todos se quedaron en el castillo, y decidieron dormir todos juntos.
Fuera solo se oía el viento chocando contra los cristales, hasta que de pronto sonó un grito, todos salieron corriendo a donde provenía, no vieron nada, hasta que de pronto vieron que la armadura que está de adorno sangraba, le quitaron el casco y allí lo vieron, un criado, no era de la familia. La noche se ponía tensa. Don Fernando se vistió de criado. Empezó a sonar ruidos en todo el castillo, toda la familia del Cid estaba en la sala principal siendo protegidos por el marido de doña Elvira. Don Fernando andaba con cuidado por los continuos ruidos. Cuando entró en la cocina y abrió la cazuela para ver la comida, observó una cabeza flotando en el guiso. Don Fernando se retiró y empezó a mirar por todos lados, salió corriendo de la cocina. Cuando estaba más tranquilo subió al segundo piso, encendió un candil, vio una figura a lo lejos corriendo hacia él, sacó la espada pero no le hizo nada ya que era otro criado, se puso en los brazos del príncipe y le dijo:
-Huye de aquí, he visto...- Y antes de que terminase de hablar una flecha le impactó en el pecho, muriendo en el acto.
Don Fernando no aguantaba más y empezó a gritar de que aparecieran. Pero, cuando menos se lo esperaba vio a lo lejos un hombre con una espada brillante bañada en sangre, era Tizona, una espada del Cid, cuando miró para atrás observó a otra persona con otra espada del Cid, que también chorreaba sangre, era Colada. Ambos corrieron para el supuesto criado que, en un movimiento de mano, salió una lluvia de flechas hacia las dos sombras. El príncipe se acercó, eran los infantes de Carrión pidiendo clemencia, don Fernando, sonriendo, les quitó ambas espadas y haciendo el que se retira, dio una vuelta y decapitó a los dos asesinos.
Todos sorprendidos por esos dos bastaros, hicieron una fiesta por la muerte de los dos deshonrados, hasta que de pronto, una flecha llameante salió de la nada impactando en la rodilla del joven príncipe. Había un hombre más allí. No se tardó mucho tiempo en encontrar quien lo había echo. Lo vieron encendiendo una flecha, éste estaba tumbado, concentrado en lo que hacía, miró hacia arriba. Vio a los infantes de Carrión decapitados, en el pecho de ambos ponía, MUERTE, se dio la vuelta y, sin darse cuenta, tenía una espada clavada en la garganta, y de pronto, otra espada se le clavó en el cuello, haciendo una muerte rápida, y dolorosa, cuando llegaron las personas hacia el cadáver, todos dijeron lo mismo: Ese era el conde García Ordoñez, que odiaba al Cid con toda su alma.
Pasaban los dias y siguieron igual, hasta que un día, alguien vio los tres cadáveres colgados en el techo del castillo.
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