domingo, 27 de abril de 2014

Historia de dos ciudades

Cuando el carruaje llegó a Inglaterra, Darnay se despertó y reveló Lorry lo sucedido en la cárcel. Al enterarse se quedó asombrado por la valentía y el coraje que había demostrado tener Carton con tal acción.

Una vez en su casa de Inglaterra, Lucie, Lorry, el señor Manette y el supuesto Sydney Carton se reunieron junto a la chimenea. Todos los allí presentes observaron como ''Carton'' mostraba su verdadera identidad, aunque Lucie ya sabía que aquel hombre era su marido.

El señor Manette interrumpió en varias ocasiones a Darnay ya que seguía empeñado en realizar sus labores como zapatero y su hija Lucie junto con Lorry lo acompañaron a su dormitorio para que descansara.

Cuando su esposa regresó, lo abrazó y rompió a llorar y Lorry se retiró.

-Estaba aterrorizada, no se que habría sido de mi si te llego a perder amor mío. Pensar que jamás te volvería a ver, que nunca volveríamos a estar juntos..

-No pienses en eso ya mi querida Lucie. Todo ha pasado, estamos en Inglaterra y ya nada nos volverá a separar. Gracias a Carton estamos aquí y lo que ha hecho por mí se lo agradeceré el resto de mi vida. Él dio la vida por mí, por ti y por tu amor. Pero ya es tarde y ha sido un día muy largo ambos necesitamos dormir.

Al cabo de los años la pequeña Lucie se fue haciendo mayor y cuando cumplió sus 23 años, contrajo matrimonio con el conde Alexandre Cartoi. Con este joven y apuesto muchacho, de cabellera oscura, de gran altura, con unos ojos negros y penetrantes y una tez blanca tubo cuatro hijos. Anna, la mayor de los pequeños era una niña reservada pero con una belleza que asombraba a todo aquel que la miraba. Alexandre, el mediano, era un niño astuto y valiente, además de orgulloso. Jorvis, fue el tercero, vivió poco ya que nació con deformidades y cuando tenía tan solo 3 meses de edad le diagnosticaron una rara enfermedad incurable que acabó con su corta vida. Y el último en llegar fue Sydney que destacaba por su inteligencia y su capacidad en el dominio del caballo.

En diciembre de 1812, Lucie enfermó y murió por sus altos brotes de fiebre dejando a su marido Alexandre con los pequeños. Años después, conoció a una joven con un pasado famoso, y no especialmente por sus logros en la vida. La muchacha lo engañó de tal forma que los pequeños acabaron solos y abandonados.

Viaje al centro de la tierra

Varias semanas después, me desperté sin ganas, cogí mi batín y mis zapatillas y me fui a la cocina a desayunar. Cuando llegué, el profesor se encontraba sentado con una taza de té y leyendo un papel viejo y sucio.
- ¿Que lees?- pregunte mientras cogía la taza de té.

- Es otro pergamino de Arne Saknussemm, pero no consigo descifrar el pergamino, lo he intentado de la anterior manera y nada-

- Déjame ver- respondí.

Cogí el pergamino y lo ojee durante un rato pero no conseguía averiguarlo, me senté y cogí la taza, bebí un sorbo del té, deje la taza en la mesa, pero derrame sin querer en el pergamino.

- ¡Pero que has hecho!- dijo mi tío llevándose las manos a la cabeza como si el mundo de acabara.

- Espera- dije - mira lo que le pasa al pergamino, las letras están cambiando-

-Déjame ver - dijo mi tío ya más calmado.

Las letras que no se podían leer ahora ya sí, el pergamino decía:
Delante de las columnas de Hércules hallaras la ciudad perdida en el fondo del mar.

- ¿A que ciudad se refiere?- pregunte a mi tío que me miraba con cara de alegría.

- Se refiere a la Atlántida- respondió mi tío con gran ilusión.

- No, rotundamente no, no pienso ir a otro viaje arriesgado.

De repente alguien llamo a la puerta, era Graüben que había venido ha visitar a su tío, llevaba un vestido rojo con unos zapatos marrones y un collar.

- Hola, Otto- dijo con voz cariñosa.

-Hola, Graüben, necesito pedirte un favor- respondió el profesor.

- ¿Que necesitas?- pregunto Graüben.

- Necesito que convenzas a Axel para que venga conmigo a un viaje- respondió mi tío.

-No se, será peligroso-

- No se trata de si es peligroso o no, si no de la ciencia, este podría ser uno de los descubrimiento más grandes del mundo.

-Vale, está bien intentare convencerlo- dijo Graüben un poco preocupada.

Graüben salio de la habitación y se para la cocina donde yo estaba.

- Me ha contado Otto lo que ha pasado- dijo Graüben.

- Sí, y ya sabes lo que le he dicho- respondí.

- ¿Pero, porque?-

- Porque eso significaría separarme de ti-

- Pues entonces iré con vosotros-

- Pero...-

- Ya he tomado una decisión, y seguro que el profesor no tendrá ningún inconveniente en que yo valla- dijo Graüben muy decidida.

Al día siguiente, nos preparamos para el viaje, yo estaba preparando la maleta, cuando el profesor abrió la puerta de la habitación y me dijo.

- ¿Estas listo?-

- Sí, solo me falta el billete en barco y ya esta- le dije

- Toma- 

El profesor tiro el billete hacia mi cama.

- ¿Y a donde vamos?-

- Vamos ha España, he estado investigando un poco y los antiguos griegos llamaban a las columnas de Hércules lo que nosotros hoy en día llamamos Estrecho de Gibraltar, y probablemente la Atlántida se encuentre en medio del mar- dijo Otto.

Cuando llegamos al puerto, el barco que nos esperaba no era un barco de lujo si no más bien un barco un barco de pesca sucio y viejo.

- ¿Por que vamos en este barco? le pregunte a mi tío.

- Porque es más rápido y no podemos perder ni un solo minuto- me respondió.

- ¿Y para que son los billetes? le pregunte de nuevo.

- Son para el viaje de vuelta, ya que una vez que encontremos lo que estamos buscando no ara falta ir tan rápido - me respondió.

Yo estaba preocupado por Graüben, pero ella parecía emocionada con el viaje, y al final fui yo el que lo paso peor, ya que nos pillo una tormenta y tuve que vomitar tres veces. Llegamos a Cádiz y de allí a Gibraltar. Cogimos un barco y nos dirigimos al centro, allí nos pusimos los trajes de buceo.

-¿Estas lista?- le pregunte a Graüben.

- Sí- me respondió.

Mi tío fue el primero en meterse en el agua, después Graüben y por ultimo yo, cuando entre pude muchos peces de diferentes colores, tamaños y formas, creí estar en el paraíso, entonces mi tío me señalo hacia el fondo, y nos dirigimos hacia allí, pude ver una gran profundidad y cada vez costaba más llegar, yo estaba muy preocupado por Graüben cuando al final llegamos al fondo pude ver unas estructuras, así que nos dirigimos hacia las estructuras.

- Eso podría ser la Atlántida- pensé mientras observaba aquellas estructuras tan peculiares.

Graüben fue la primera en llegar, seguido de mi tío y por ultimo yo, cuando por estuvimos al lado de las estructuras pude ver que había más edificios y todos eran de estilo griego, sin duda alguna aquella ciudad bajo el mar era la Atlántida, sacamos algunas fotos y cuando decidimos subir, un tiburón ataco a Graüben, cogí el arpón y me dispuse a salvarla, el tiburón era enorme y rápido pero yo conseguí clavarle el arpón en la barriga de aquella bestia y una vez muerta subimos a la superficie. Una vez en el barco mire a mi tío y con una sonrisa en la cara me dijo.

- ¡Lo hemos conseguido, hemos encontrado la ciudad pérdida, y además tenemos pruebas que lo demuestran!- 


Yo estaba muy sorprendido, no me podía creer que lo hubiéramos encontrado, entonces me dirigí hacia Graüben y le di un beso, me sentía muy feliz, y ya lo único que faltaba era ese viaje en barco que nos esperaba de regreso a España.

Continuación de Bodas de Sangre.

(Al mes siguiente, entrando en la huerta de su padre para trabajar.) SILVIA (NOVIA). Perdón, ¡no te había visto! (después de haberle dado un golpe y tirado toda la cosecha que llevaba en una caja) Yo lo recogeré. JOSÉ ANTONIO (sonriendo). No te preocupes, no importa. ¿Quién eres? Es bastante raro que una mujer trabaje en el campo. No esperaba tener una compañera, y menos tan guapa. SILVIA. Calla. (Ruborizándose) Yo trabajo aquí desde pequeña, soy la hija del propietario y lo he ayudado siempre. La pregunta es, ¿quién eres tú? JOSÉ ANTONIO. Anda, sí, ya me acuerdo. Tu padre me dijo que tenía una hija. Y me contó lo sucedido... lo siento. Soy José Antonio. SILVIA. Yo Silvia. Gracias... me ha costado mucho levantar un poco los ánimos. Me he llevado un mes sin prácticamente salir de mi cuarto. (Cambiando de tema) ¿Cómo es que mi padre te ha contratado? Es raro, decía que no teníamos suficiente dinero. JOSÉ ANTONIO. No lo sé, creo que la falta de dinero venía de que necesitaba un poco de más mano de obra, y aquí estoy. SILVIA. Bueno, me debo ir, ya nos veremos (sonriendo). (A la semana se encontraron paseando por las callejuelas del pequeño pueblo). JOSÉ ANTONIO. ¡Hola Silvia! Quería decirte algo pero no te he visto en toda la semana. Me quedé con ganas de pedirte una cita. SILVIA. ¿A mí? Creo que te estás equivocando de persona. JOSÉ ANTONIO (rotundamente). No me equivoco. SILVIA. Bueno... está bien. ¿Cuándo sería? JOSÉ ANTONIO. Hoy mismo. No puedo esperar más. Te recogeré en tu casa a las diez. SILVIA. Perfecto (con una sonrisa de tonta). (A las diez, este estaba en su puerta, esperándola, ella bajó). SILVIA. ¿Dónde vamos? JOSÉ ANTONIO. Conozco un lugar muy bonito, vamos. Está por allí (señalando el bosque). SILVIA. ¿Allí? ¿En el bosque? No me trae muy buenos recuerdos... (mirando al suelo) JOSÉ ANTONIO. Tranquila, no va a pasar nada, estás conmigo. (Se pusieron en marcha y anduvieron por un camino que corta el bosque. A los diez minutos se introdujeron en él) JOSÉ ANTONIO. Ven por aquí. Detrás de esos árboles. (Cambiando su rostro de felicidad, a un tono de maldad) Bueno, qué más da. Aquí ya no nos verá nadie. (Cogiéndola de la cintura y pegándola a sí mismo) SILVIA. ¿Qué haces? ¡Suéltame! JOSÉ ANTONIO. Venga, anda, no seas tonta. (Apretándole aún más) SILVIA. Bueno... ¿por qué no? (siguiéndole el juego) (Empiezan a desnudarse, mientras él se quita la camiseta, Silvia aprovecha y se agacha rápidamente a coger una piedra, le da en la cabeza y sale corriendo a su casa) SILVIA (abriendo la puerta). Papá. ¡¡Papá!! Vamos, ven corriendo. Por el camino te explico. ¡¡Vamos, corre!! (coge una cuerda antes de salir) PADRE (saliendo de la casa). ¿Qué ha pasado? SILVIA (llorando). Me fui con José Antonio, tuve una cita con él. Ese nuevo jornalero que has contratado hace poco. Me llevó al bosque e intentó violarme. Cuando pude, cogí una piedra y le di fuertemente en la cabeza, pronto despertará. ¡¡Démonos prisa!! PADRE. ¡Qué desgracia! ¡Otra más! ¡Qué vida ésta..! SILVIA. Padre, allí está. Corramos, está recuperando el conocimiento. (Lo cogen a tiempo, antes de que se levante. Lo atan y llaman a la policía). SILVIA. Sí, intentó violarme. Yo le seguí el juego y lo golpeé cómo y cuando pude. POLICÍA. Vale, no nos hace falta más información. Llévenselo a la prisión (a los demás policías). (Silvia se va con su padre a casa, cae en un estado de depresión total).

La ley de la calle.

Rusty James y Steve, antiguo amigo de la infancia, se vuelven a separar y cada uno vive una vida muy distinta y mejor que la de antes. Rusty olvida todo lo vivido anteriormente y comienza a vivir tranquilo junto a su abuela. Ésta conocía a una familia muy bien situada que tenía una empresa de elaboración de aceites. A través de ella consiguió trabajo en dicha compañía. Después de unos meses trabajando trasladó su domicilio a un piso de alquiler cerca de la vivienda de su abuela, aunque iba a almorzar a casa de ésta todos los días. En un principio la vida de Rusty en su nueva vivienda fue muy tranquila, dedicando la mayor parte de su tiempo libre a hacer deporte. El muchacho, que se solía levantar temprano y acostarse también pronto, estaba cansado por el trabajo realizado y el esfuerzo físico del deporte.

Un día, cuando estaba durmiendo escuchó un gran ruido en el piso de arriba. Parecía como si dos personas estuviesen peleando. El ruido y las voces iban en aumento y no pudo evitar subir a ver qué pasaba. El alboroto era provocado por una mujer y un hombre que estaban peleando. Rusty llamó fuertemente a la puerta y le abrió el hombre que, en actitud amenazante y violenta, le dijo que se marchara. Los dos comenzaron un forcejeo que fue en aumento. Empezaron a darse empujones y puñetazos en la misma puerta de la casa. En uno de estos empujones Rusty tuvo la mala suerte de golpear y dejar caer al hombre que, en su caída, se dio un gran golpe con una mesa que había en el salón de la casa. La mujer al ver la escena huyó corriendo muy asustada y Rusty se quedó solo con el hombre dentro de aquel piso sin saber qué hacer. Al cabo de unos minutos se presentó una patrulla de la policía que había sido avisada por los vecinos que, al escuchar el escándalo y las voces la habían llamado lo más rápido posible. Los agentes se encontraron el cuerpo del hombre ensangrentado con una gran herida en la cabeza y a Rusty muy asustado sin saber qué hacer. A ambos los llevaron a la comisaría y les hicieron un interrogatorio. El hombre y Rusty contaron todo lo sucedido y, desgraciadamente, la policía los puso a disposición judicial. Rusty pidió que encontraran a la mujer que estaba siendo agredida por ese hombre para que testificara su favor. Así, la policía emprendió la búsqueda de esta mujer hasta que la encontraron en el portal de un piso cerca de la calle en la que habían ocurrido estos hechos. La mujer conto a la policía todo lo sucedido en el juicio que se celebró y, afortunadamente para Rusty, el juez no lo condeno porque consideró que había sido un accidente teniendo en cuenta que el joven actuó para defender a la mujer. De esta manera Rusty volvió a su casa tranquilamente y el hombre fue llevado a la cárcel durante un par de años por agredir a la mujer. 

A partir de este día el joven Rusty volvió a recapacitar y prometió una vez más que no se volvería a meter en pelea, aunque esta vez iba en serio. Rusty conoció a una mujer con la que vivió una vida tranquila en Cádiz y con la que tuvo dos hijos, David, en honor a su padre, y Daniel.

Continuación del libro



   Continuación del libro

Los primeros días tras el fallecimiento de Gregor  trajeron paz y descanso a su familia. Cada uno de los miembros se dedicó hacer aquello que más le gustaba, saboreando cada minuto de su nuevo destino. Su padre empezó a dedicarle más tiempo a su esposa y ésta le correspondía del mismo modo. Su hermana en cambio pasaba gran pare del día tocando el violín y procurando buscar marido. Esta aparente tranquilidad fue pasando, pues se acercaba el día del cumpleaños de Gregor que además estaba cercano a la Navidad. 

Cada uno de ellos empezó a echarlo de menos a su manera. Sus padres comenzaron a recordar aquellos momentos en los que  de pequeño hacía diabluras; así como, de cuánto les había ayudado a lo largo de su vida. Su hermana, en cambio, recordaba lo que le gustaba oírla tocar el violín y lo pendiente que estaba de todos sus asuntos y echaba de menos la seguridad que su hermano le transmitía. 

 Pronto fueron conscientes de su poca generosidad hacia él en los últimos días de su vida, quizás, por el miedo que Gregor, con su nuevo aspecto, les transmitía. Era demasiado tarde, nada se podía cambiar y tendrían que vivir con ello sobre sus conciencias para el resto de sus días.

sábado, 26 de abril de 2014

Moby Dick




                       CONTINUACIÓN DEL LIBRO: MOBY DICK

           -Final del libro: Ismael es el único superviviente. Se marcha lejos del mar y lejos de sus recuerdos.
           -Continuación del libro:
           Durante los diez siguientes años de la vida de Ismael, la cosa le fue bien y tranquila. Vivía en una localidad tranquila, pequeña y alejada del mar. Se había casado y había tenido dos hijos, el mayor tenía ocho años y el menor había cumplido 4 años la semana anterior.
            El suceso del ataque de Moby Dick había sido muy hablado por todos los puertos de la zona, pero Ismael se limitaba a decir que no quería saber nada de ese tema, que lo ocurrido había quedado en el pasado y que quería olvidar lo que había pasado en el mar.
            Muchos marineros, arponeros,... habían salido a la caza de la ballena blanca. Se escuchaban historias ficticias sobre la ballena, como que era más grande que dos barcos, que su piel era más dura que una piedra y todo tipo de historias parecidas a estas dos.
            Un día claro y soleado, en casa de Ismael se presentó un joven hombre que no tendría más de veinte años. El chaval decía ser el hijo de un capitán de un barco que se hundió debido al ataque de una gran ballena blanca a la que los marineros la llamaban Moby Dick. El chico dijo que su padre se llamaba Ahab y que tenía una pierna de hueso de ballena. Decía que había venido a buscar a Ismael, porque le habían dicho que así se llamaba el único superviviente del ataque de Moby Dick. Ismael le dijo que era él al que estaba buscando pero que no quería saber nada de lo ocurrido en el Pequod. El joven que se llamaba Zlatan, ya que su madre era sueca, le dijo que necesitaba su ayuda. Tras varias horas de reflexión, Ismael aceptó. Zlatan le propuso que zarpara con el y con la tripulación que había contratado para dar caza a Moby Dick. A Ismael le costó mucho aceptar, pero al final lo hizo.
            Al mes siguiente, toda la tripulación estaba lista para salir en busca de la gran bestia blanca. En la tripulación había gente de todo tipo. Había dos arponeros, uno era Ibrahimovic, que era bastante alto y fuerte y el otro era Mario Balotelli, que estaba siempre alegre y contento. El primer oficial era Lee un hombre asiático de mal carácter y muchos otros más tripulantes que tenían su función particular.
            Tardaron un año en ver por primera vez a Moby Dick, que se escapó. A los meses volvieron a ver a Moby Dick, esta vez se utilizó una red gigante y muchos arpones. Uno de los arpones se clavó en la cabeza de la ballena. Moby Dick había muerto y todos los marineros estaban vivos para contarlo. Por fin, Zlatan había hecho lo que su padre no pudo hacer durante treinta años. El capitán estaba muy muy contento al igual que Ismael.
             Los marineros volvieron a tierra firme como si hubieran logrado una hazaña. Ismael volvió con su mujer y con sus dos hijos y Zlatan siguió navegando con Ibrahimovic, Balotelli, Lee y todos los demás valientes marineros. La leyenda de Moby Dick había acabado de una vez por todas y Ahab podría descansar tranquilo y en paz.
           

domingo, 2 de marzo de 2014

Robín Hood


-Una emboscada, ese sera el plan- dijo Robín a sus compañeros
-¿ Y como lo haremos? - preguntaron sus amigos

-La carreta con mercancías pasa por el bosque de Sherwood, lo cual es una ventaja para nosotros, lo malo es que me han dicho que por lo menos habrá veinte guardias custodiándolo-

-¿ Cuando lo haremos?-

-Al medio día, hasta entonces deberíamos descansar- respondió Robín

Y cogiendo su arco y sus flechas se fue a cazar.

A la hora prevista para la emboscada, se prepararon, permanecieron allí quietos hasta que escucharon pasos y vieron el carromato.

-¿Crees que lo conseguiremos?- pregunto
-Sí, no te preocupes no se lo esperan- respondió Robín.

Robín se puso en medio del camino, cogió una flecha del carcaj y se preparo para disparar.

-Parad el carromato, sí no queréis morir- les dijo Robín a los soldados
-Tu solo, no me hagas reír- respondió un soldado burlándose
-Quien a dicho que este solo- respondió Robín
De repente, todos sus compañeros salieron de detrás de los bosques, matando a todos los soldados que oponían resistencia, varios de ellos salieron huyendo. Cuando la lucha hubo terminado, se pusieron a coger todo lo que llevaba el carromato. Había pieles, comida, bebidas y demás cosas.

-Un buen botín- se dijo Robín

Por lo que decidió darle un regalo a Mariana. Cuando fue allí se encontró una sorpresa, había llegado su viejo amigo Allan.

-Hola Robín, veo que has cuidado bien de Mariana- dijo Allan

-Mariana te ha echado mucho de menos-

-Sí, ya lo se, pero necesito tu ayuda, cuando iba por el sendero del bosque con Christabel, cuando tuvimos una emboscada de unos outlaw, luche pero eran demasiados para un solo hombre, y uno de ellos me dio un golpe en la cabeza y me desmalle, al despertarme me encontraba solo, entiendes porque necesito tu ayuda- dijo Allan

-¡Como!, no te preocupes encontraremos a esos outlaw y pagaran por lo que han hecho-

-Gracias, pero ¿como los encontraremos?- pregunto Allan

-Con la ayuda de mis amigos podremos conseguirlo, seguro que alguno habrá visto algo- respondió Robín.
Cuando llegaron al escondite, Robín llamo a sus camaradas

-¿Alguien ha visto a algún outlaw con una mujer? Pregunto Robín.

-Sí, yo he visto a varios- respondió Trevor, un hombre que se había uno a la banda recientemente.

-¿ Y a donde se dirigieron? Pregunto de nuevo

-Se dirigían hacia el lago- respondió Trevor

-Bien, eso nos llevara una hora llegar hasta allí- dijo Robín a Allan

-¿ Cuantos había cuando los vistes? Pregunto Allan a Trevor

-Creo que unos siete, pero seguramente habrá más- respondió

-Bien, Trevor y John vais a venir conmigo y con Allan- dijo Robín
Los cuatros se dirigieron al lago, cuando estuvieron cerca del lago, oyeron a varia personas hablando.

-¿ Quien es ?- pregunto un outlaw, era alto y fuerte, llevaba un traje marrón y unas botas de cuero y su rostro estaba tapado por una capucha.

-Es la mujer de Allan Clare, jefe- respondido un hombre bajito y gordo, que llevaba atada a Christabel

-Seguro que nos darán dinero mucho dinero por ella, buen trabajo- dijo el jefe outlaw

Y se fue ha una tienda que estaba echa de pieles de animales y palos. Y el outlaw bajito ato a Christabel un árbol.

-Vamos ahora es nuestra oportunidad - dijo Allan

-No, es mejor esperar a que anochezca, tendremos mas ventaja - respondió Robín

-Estas loco, ahora es la oportunidad de rescatarla, no quiero verla en ese aspecto- dijo Allan

-Se que estas preocupado, pero confía en mi sera mucho más fácil de noche-

-Esta bien, solo quiero ver a Christabel a salvo- respondió Allan
Los cuatro esperaron, hasta que por fin se puso el sol. Una vez repasado el plan, se pusieron en marcha, Trevor y John se encargaron de los vigilantes y Robín y Allan de salvar a Christabel. Una vez echo todo esto, salieron de allí junto con algunos objetos valiosos que habían robado los outlaw. Después se dirigieron al campamento de Robín y Allan y Christabel se despidieron de ellos.