domingo, 1 de junio de 2014
CONTINUACIÓN DEL LIBRO
Cuando Alicia llegó a la cocina, una Jirafa color magenta con manos estaba fregando los platos. A Alicia, por un momento no le pareció extraño después del sueño que había tenido, pero cuando se dio cuenta de que su hermana ya había hablado con ella y que todo había sido imaginación, no le pareció muy normal. Dicen que el 70% de los sueños quieren decir algo. ¿Significaba el sueño que había tenido Alicia que se estaba volviendo loca?
- Hola - dijo esperando una respuesta, pero no la hubo.
¿Y cómo la iba a escuchar la Jirafa? Si estaba escuchando música con sus auriculares.
"Es alta, con el cuello bastante corto a decir verdad, creo que se le ha encogido de estar tanto tiempo arrugado a causa de que el techo está demasiado bajo para ella. Es atractiva para ser una jirafa, supongo que por eso mi padre la ha escogido como sirvienta. Parece simpática, y trabajadora, ya que en los diez minutos que llevo aquí observándola no ha apartado la vista del fregadero." pensó.
Alicia no aguantaba más, quiso que la Jirafa la escuchase y se vio obligada a quitarle los cascos para hablar con ella.
- Oh, Alicia, no me había dado cuenta de que estabas aquí. ¿Quieres ya la merienda? - le preguntó a Alicia como si tan normal fuese.
- Perdone... Señora...
- Jirafa - interrumpiéndole.
Alicia prosiguió:
- Señora Jirafa, ¿cómo sabe usted que yo venía a tomar mi merienda? ¿Y qué hace aquí? ¿Y por qué estoy hablando contigo? ¿Dónde están mis hermanas? ¡¡Esto es de locos!!
- ¿Por qué haces tantas preguntas? Limítate a aceptar las cosas como son y a vivirlas de tal manera. La pregunta no es por qué estoy aquí, sino por qué no. - espetó la Jirafa.
Alicia quedó tan desconcertada que no pudo ni hablar, su cabeza estaba apunto de explotar con tantas ideas en la mente, y más ahora que se había acordado de que mañana era lunes y que tenía todavía tarea por hacer.
- No te preocupes, la Rardilla te ayudará a hacer la tarea, si quieres buscarla, creo que anda por el jardín. - le informó.
- No necesito ayuda de nadie - Alicia estaba empezando a hartarse de la situación, ¿cómo había escuchado lo que estaba pensando? ¿Acaso lo había dicho en voz alta? -. Siempre la he realizado sola. Además, ¿quién es esa tal Rardilla?
La Jirafa contestó:
- Es una mezcla entre Rata y Ardilla. Es muy lista, ha estudiado bastante tiempo y te podría ayudar, sabe más que el propio Kifren.
- Dios mío, me estoy volviendo loca, necesito que me de el aire. ¿Y Kifren, quién es? Mira, no me voy a molestar ni en preguntar quién es, me voy de aquí - y salió al jardín-.
Alicia estaba confusa, su hermana la había despertado de ese sueño tan maravilloso que había tenido. O eso creía ella. ¿Estaba despierta? ¿Seguía dormida? ¿El sueño le había afectado tanto que seguía imaginando cosas? ¿Estaba volviéndose loca?
"Esto debe de ser una broma pesada. Sí, seguramente Raúl, ese niño tan malvado de mi clase quiere gastarme esta broma por haberle estropeado su dibujo el pasado día de clase. Pero yo lo hice sin querer, no es justo..." decía para sí.
- ¡¡Alicia!! La merienda - gritó la Jirafa desde la cocina.
Fue corriendo y gritó enfadada:
- ¡¡No quiero la merienda!! ¡¡No te he pedido la merienda!! ¡¡No mandas sobre mí!! ¡¡No quiero la merienda!! - Alicia estaba comenzando a desvariar y a ponerse atacada.
- Tranquilízate - le dijo en un tono calmante -, sé que no me has pedido la merienda. Pero, ahora dime, ¿acaso no tienes hambre?
A Alicia de repente le empezaron a sonar las tripas como si no hubiera comido en días. Ahora que lo pensaba, sus Aventuras habían durado casi dos de estos, ¿y si habían sido ciertas y por eso tenía hambre? Tomó el pan con mermelada sin decir nada, estaba avergonzada de sí misma, de cómo se había puesto.
Fue terminar la merienda e ir a su habitación a hacer la tarea. Estaba cansadísima y solo deseaba terminarla, cenar y dormir hasta el día siguiente.
Se sentó en el escritorio para hacer la tarea. Sacó un lápiz y su libreta de Lengua. Tenía que hacer unos ejercicios que la maestra había puesto en la pizarra. El enunciado decía: "teniendo en cuenta que x=2, si de Madrid sale un coche a 60km/h y el complemento directo es un sustantivo, ¿qué distancia hay de aquí a la Luna?"
Alicia no entendía el ejercicio en absoluto pero buscó en su libro y encontró un ejercicio completamente idéntico. La respuesta era "16 litros". Lo fue a escribir y el número 16 se posicionó entre la 'o' y la 's', quedando así "litro16s".
Alicia pensó que le estaba entrando mucho sueño y que por eso lo había escrito mal, borró, lo volvió a escribir y pasó lo mismo.
- Ponte en tu sitio ahora mismo - le ordenó al número 16 como si fuera normal -.
De repente, apareció escrito en la libreta "no quiero, quiero estar al lado de la 'o', que es la número 16 del diccionario. Anda, vete a dormir que llevas dos días sin pegar ojo."
Alicia naturalmente no se sorprendió de este hecho. Le dio igual cómo estuviese escrito, mañana en clase cuando preguntaran por el ejercicio diría "16 litros" aunque no lo tuviera escrito tal cual.
No tenía hambre, así que se echó a dormir directamente.
A la mañana siguiente, le despertó su despertador diciendo "¡¡arriba Alicia, es la hora!!". Dio un salto de la cama, esperando que este día le fuera mejor que los otros, aunque no había empezado muy bien con su despertador hablando. Se fue a vestir, y no encontró su bufanda verde, aunque no le importaba mucho porque no hacía tanto frío.
Entró en su clase con retraso, se sentó en su pupitre mientras la maestra la regañaba. Cogiéndole la maestra tirria a Alicia por llegar tarde, fue a ella a quién le preguntó la solución del ejercicio.
- Alicia, el ejercicio 14, por favor. ¿Lo has hecho? - preguntó con los ojos casi fuera de las órbitas-.
Alicia muy segura dijo:
- Sí, la respuesta es 16 litros.
Todo la clase echó a reír, estaba claro que hoy tampoco iba a ser su día.
La maestra irritada le gritó:
- ¡¡Alicia!! ¡¿16 litros?! Estamos en clase de Lengua. ¿Te estás riendo de mí?
- No, maestra. Si x=2, ¿qué otra cosa podría ser? - dijo humildemente -.
- No voy a consentir tu comportamiento. Vete a casa, repite el ejercicio y todos lo de esa página. Mañana vuelve y procura no pronunciarte - ordenó la maestra.
Alicia salió de su clase aguantando todas las miradas, y pensando en dónde andaría su bufanda verde...
Cuando llegó a casa, fue a su habitación. Estaba sola, sus padres estaban trabajando y sus hermanas en el colegio. Tiró la maleta, se tumbó boca arriba en la cama y cuando miró al techo, vio su una serpiente con un extraño parecido a su bufanda.
Saltó para intentar cogerla, y la serpiente se le enrolló en el cuello. Alicia por más que chilló, nadie la oyó. Finalmente la bufanda-serpiente la ahogó. Su último pensamiento fue "estoy loca".
Regreso de P. Zúñiga
Tras varios días después, Miguel fue a visitar al huésped. Cuando
entró en el hospital no se imaginó a quien se encontró. ¡Era Zúñiga!
Rápidamente visitó al huésped y se fue directamente a casa de Enrique para
informarle. Llamaron también a Satur para decírselo. No se lo creían pero
fueron al hospital a buscarlo y allí estaba.
-¡Zúñiga ha vuelto! -dijo Miguel.
-Si, me llevan de nuevo al Centro -respondió entusiasmado Zúñiga.
-Eso es fantástico -dijeron los tres niños.
Zúñiga entró en el centro y les preguntó a los tres niños que si
podían hacerle un favor. Ellos ilusionados respondieron que sí.
-Os pido por favor que me traigáis la última pluma que me falta
por coleccionar. Esta especie de ave sólo se puede encontrar en un lugar concreto,
se encuentra en una pequeña isla situada en el centro del Triángulo de las
Bermudas. -¿Estáis dispuestos? -dijo Zúñiga.
Los tres chiquillos dijeron al mismo tiempo que estaban dispuestos.
-¿Y que tipo de ave es? -dijo Satur.
-Se llama Grifo -dijo Zúñiga.
Los tres niños se despidieron de P. Zúñiga y al día siguiente se
fueron a la porqueriza para planear como podían tirar rumbo a esa isla. El
único problema era conseguir mil euros para ir en avión.
-¡Se me ha ocurrido una idea! ¿Podemos pedírselo a Salazar? -dijo
Miguel.
Los otros dos estaba de acuerdo. Fueron a pedírselo y
esperaron al fin de semana para realizar el viaje. Una vez allí, en la isla se
dividieron para explorar la isla. Enrique se encontró un cascarón de huevo y
avisó a los otros dos. Dijeron que tenía que estar cerca. Avistaron a lo lejos una
pequeña montaña. Había como un nido y se acercaron a verlo. El nido era grande
y esponjoso. Se quedaron esperando a que localizaran el ave. No aparecía, así
que acamparon un poco más abajo del nido. Por la mañana, se despertaron y
fueron a ver si estaba el ave.
-¡Ahí está! -dijo Satur gritando.
Era grande y esplendoroso. Estaba durmiendo Grifo y Miguel, el más valiente con
sigilo, le arrancó una pluma provocando así que se despertase enfurecido.
Los tres corrieron colina abajo para subirse al avión e irse de vuelta a
Sevilla. Cuando llegaron fueron a buscar a P. Zúñiga para dárselo y de
recompensa le dio la mayoría de sus posesiones y ganaron una fortuna. Miguel al
llegar a su casa seguía viendo a su padre triste, así que con el dinero que
ganó le consiguió devolverle el trabajo a su Padre que tanto deseaba.
Viaje al centro de la tierra II: La Isla Misteriosa.
LA ISLA MISTERIOSA
Mi tío Lidenbrock y yo estábamos de vuelta. Grouben recibió una llamada de su padre desde Islandia, le dijo que un tren nos llevaría de vuelta a Hamburgo, Alemania.
Cuando llegamos, Grauben nos dió un abrazo a ambos, ella estaba muy feliz porque los dos estábamos de vuelta sanos y salvos.
Pasaron varios meses desde el regreso de nuestra aventura, en ese tiempo mi tío había escrito un libro, titulado tal y como el descriptivo nombre de la hazaña que habíamos hecho, visitar el centro de la tierra, el nombre del libro era, por tanto, "Viaje al centro de la tierra".
Mientras, yo me había casado con Grauben. Podemos decir que tanto el tío Lidenbrock como yo, eramos muy felices.
El tío Lidenbrock se hizo famoso gracias al libro, vivía en su casa de siempre con su criada Marta; yo por el contrario, me había comprado una casa y vivía dichoso con Grauben.
El tío Lidenbrock se hizo famoso gracias al libro, vivía en su casa de siempre con su criada Marta; yo por el contrario, me había comprado una casa y vivía dichoso con Grauben.
Cuando mejor estábamos con una vida feliz y cómoda, un criptograma llegó a mis manos. Se lo enseñé al tío nada más verlo, y éste lo resolvió sin problema alguno. Lidenbrock estaba asombrado, leyendo aquel criptograma y de repente soltó sus gafas, parecía muy impresionado. Le dije:
-Tío, ¿qué pasa?
-Si lo que pone en este criptograma es cierto lo ha escrito tu padre.
-¿Mi padre? Sabes que él y mi madre murieron en un accidente de avión hace ya aproximadamente un año.
-La tinta o con lo que este escrito se está borrando, parece haber sido escrita hace meses o un año más o menos, lo investigaré en mi laboratorio y te diré cuando se escribió.
-Gracias tío...
Unos meses después...
Tras averiguar mi tío cuando fue escrito el criptograma, que la persona que lo envío fue mi padre y que había códigos en cada esquina del papel, que eran las coordenadas del lugar donde posiblemente se encontraban mis padres. Yo comencé a preparar el equipaje necesario para viajar hasta donde nos indicaban esos códices, su ubicación. Pero yo tenía preguntas y no encontraba sus respuestas; ¿Como pudieron sobrevivir a aquel accidente de avión? ¿Por qué escondieron la localización de aquel lugar? ¿Como me había llegado a mis manos aquel criptograma? Si de verdad están vivos, ¿por qué decidieron quedarse en aquel lugar y seguir escondidos? No lograba encontrar las respuestas necesarias para cada pregunta.
"Cueste lo que cueste, iré a aquel lugar" pensó Axel.
Me despedí de mi mujer, ya que no dejé que viniese conmigo por si fuese peligroso. Aunque no fui solo, mi tío Lidenbrock quiso acompañarme para encontrar a mis padres y su hermano y cuñada.
Teníamos que llegar hasta España, y desde allí coger un avión hacía el océano atlántico para llegar al triángulo de las bermudas, donde nos dirigían las coordenadas de aquel lugar, de aquel sitio en el que estuviesen mis padres.
Llegamos a España para coger nuestro siguiente transporte que nos llevaría hasta allí, teníamos un avión pero ningún piloto para dirigirlo, ya que según las leyendas, en aquel triángulo de las bermudas, había grandes tormentas, pérdidas y accidentes y todos los que por allí pasaban no se sabe que les pasó, unas de esas personas eran mis padres por lo que yo estaba dispuesto ir.
Pasamos unos meses en España porque no encontrábamos piloto mi tío y yo, tuvimos que aprender, dimos las prácticas necesarias y estábamos listos para ir a aquel lugar.
1 día después...
Desperté aturdido, en la arena, con agua subiendo y bajando tocándome los pies, no sabía donde estaba. Aquel lugar parecía una isla y no tenía nada que ver con lo que pasábamos en el triángulo de las bermudas, tormentas, lluvias... aquel lugar estaba soleado, muy soleado, lleno de palmeras y además parecía grande. Pero tampoco veía a mi tío, solo veía nuestro equipaje y restos de nuestro avión tirado por todos lados. Me levanté y me puse a buscar a mi tío. Lo encontré unos 30 metros más para dentro de aquella isla, él ya estaba despierto. Fui hacía él rápidamente y antes de que yo soltara palabra él me dijo:
-Axel, estamos justamente en las coordenadas que había en aquel criptograma, las coordenadas eran de esta isla. Y lo que tienes ante ti son los restos del avión en el que viajaban tus padres.
-Entonces, si nos dieron las coordenadas correctas, tienen que estar aquí.
-Así es.
-Pues pongámonos en marcha.
Avanzamos más hacía el interior de la isla por la otra parte donde se encontraban los restos del avión de mis padres. Estuvimos buscando y avanzando durante varias horas, hasta que mi tío me dijo que nos dirigiésemos hacía la parte más alta, una gran montaña.
Nos pusimos en marcha a aquel lugar. Cuando llegamos no necesité ni segundos para ver una casa en un árbol justamente en el centro de un lago y a su alrededor grandes palmeras. Aquello era precioso.
Mi tío y yo corrimos rápidamente hacía allí, lo más rápido que llegamos a correr en todo el viaje y yo en mi vida. Al llegar, no me lo pensé, subí a aquel árbol y entré en la casa, había un hombre y una mujer, ambos estaban sentados en sillas de madera y tomando té. Yo dije:
-¿Papá, mamá?
-¿Axel? Contestaron los dos al mismo tiempo.
Axel corrió hacía ellos y ellos hacía Axel, todos estaban muy emocionados.
Su tío subió y también quedó emocionado abrazando a su hermano y su cuñada.
Axel y el profesor, estaban muy cansados, después de la gran emoción dejaron la charla y explicaciones para cuando descansasen.
Al levantarse Axel, habló con sus padres y estos le contaron todo, y dieron respuestas a todas sus preguntas. Su padre le dijo:
-Gracias a que nosotros salvamos al piloto del avión, nosotros sobrevivimos también. Cuando el avión se estrelló, a los varios días recogiendo yo algunas cosas del resto del avión que nos servirían encontré a un hombre en la arena, era el piloto de avión. Nosotros lo acogimos, y lo curamos. Cuando estaba en plena forma, hicimos una balsa resistente para que el piloto viajase a América, a su casa.
El piloto consiguió llegar y nos prometió que si llegaba volvería con un gran barco con provisiones para nosotros, ya que le habíamos dicho que nos quedábamos allí y por lo tanto que no relevase que había un lugar así. Entonces, cada fin de semana él volvía con su barco con más provisiones y cada vez más cosas para que viviésemos bien allí. Y fue cuando te mandamos la carta con el criptograma, no sé porque ha tardado tanto en llegarte a tus manos, pero decidí mandártelo así, con códices sin descifrar por si a alguien se le ocurriera abrirlo, no pudiese relevar nuestra ubicación. Yo supe que solo mi hermano, tu tío Lidenbrock, sabría revelar la información.
A mi me resultó raro que mis padres hubiesen preferido quedarse allí en vez de volver a Alemania, pero nosotros esperamos a que su amigo el piloto viniese para irnos con él y volver a Alemania a por nuestras cosas y a recoger a Grauben, porque allí viviríamos mejor, según mis padres aquel lugar, aquella "Isla Misteriosa" era un verdadero paraíso.
"Cueste lo que cueste, iré a aquel lugar" pensó Axel.
Me despedí de mi mujer, ya que no dejé que viniese conmigo por si fuese peligroso. Aunque no fui solo, mi tío Lidenbrock quiso acompañarme para encontrar a mis padres y su hermano y cuñada.
Teníamos que llegar hasta España, y desde allí coger un avión hacía el océano atlántico para llegar al triángulo de las bermudas, donde nos dirigían las coordenadas de aquel lugar, de aquel sitio en el que estuviesen mis padres.
Llegamos a España para coger nuestro siguiente transporte que nos llevaría hasta allí, teníamos un avión pero ningún piloto para dirigirlo, ya que según las leyendas, en aquel triángulo de las bermudas, había grandes tormentas, pérdidas y accidentes y todos los que por allí pasaban no se sabe que les pasó, unas de esas personas eran mis padres por lo que yo estaba dispuesto ir.
Pasamos unos meses en España porque no encontrábamos piloto mi tío y yo, tuvimos que aprender, dimos las prácticas necesarias y estábamos listos para ir a aquel lugar.
1 día después...
Desperté aturdido, en la arena, con agua subiendo y bajando tocándome los pies, no sabía donde estaba. Aquel lugar parecía una isla y no tenía nada que ver con lo que pasábamos en el triángulo de las bermudas, tormentas, lluvias... aquel lugar estaba soleado, muy soleado, lleno de palmeras y además parecía grande. Pero tampoco veía a mi tío, solo veía nuestro equipaje y restos de nuestro avión tirado por todos lados. Me levanté y me puse a buscar a mi tío. Lo encontré unos 30 metros más para dentro de aquella isla, él ya estaba despierto. Fui hacía él rápidamente y antes de que yo soltara palabra él me dijo:
-Axel, estamos justamente en las coordenadas que había en aquel criptograma, las coordenadas eran de esta isla. Y lo que tienes ante ti son los restos del avión en el que viajaban tus padres.
-Entonces, si nos dieron las coordenadas correctas, tienen que estar aquí.
-Así es.
-Pues pongámonos en marcha.
Avanzamos más hacía el interior de la isla por la otra parte donde se encontraban los restos del avión de mis padres. Estuvimos buscando y avanzando durante varias horas, hasta que mi tío me dijo que nos dirigiésemos hacía la parte más alta, una gran montaña.
Nos pusimos en marcha a aquel lugar. Cuando llegamos no necesité ni segundos para ver una casa en un árbol justamente en el centro de un lago y a su alrededor grandes palmeras. Aquello era precioso.
Mi tío y yo corrimos rápidamente hacía allí, lo más rápido que llegamos a correr en todo el viaje y yo en mi vida. Al llegar, no me lo pensé, subí a aquel árbol y entré en la casa, había un hombre y una mujer, ambos estaban sentados en sillas de madera y tomando té. Yo dije:
-¿Papá, mamá?
-¿Axel? Contestaron los dos al mismo tiempo.
Axel corrió hacía ellos y ellos hacía Axel, todos estaban muy emocionados.
Su tío subió y también quedó emocionado abrazando a su hermano y su cuñada.
Axel y el profesor, estaban muy cansados, después de la gran emoción dejaron la charla y explicaciones para cuando descansasen.
Al levantarse Axel, habló con sus padres y estos le contaron todo, y dieron respuestas a todas sus preguntas. Su padre le dijo:
-Gracias a que nosotros salvamos al piloto del avión, nosotros sobrevivimos también. Cuando el avión se estrelló, a los varios días recogiendo yo algunas cosas del resto del avión que nos servirían encontré a un hombre en la arena, era el piloto de avión. Nosotros lo acogimos, y lo curamos. Cuando estaba en plena forma, hicimos una balsa resistente para que el piloto viajase a América, a su casa.
El piloto consiguió llegar y nos prometió que si llegaba volvería con un gran barco con provisiones para nosotros, ya que le habíamos dicho que nos quedábamos allí y por lo tanto que no relevase que había un lugar así. Entonces, cada fin de semana él volvía con su barco con más provisiones y cada vez más cosas para que viviésemos bien allí. Y fue cuando te mandamos la carta con el criptograma, no sé porque ha tardado tanto en llegarte a tus manos, pero decidí mandártelo así, con códices sin descifrar por si a alguien se le ocurriera abrirlo, no pudiese relevar nuestra ubicación. Yo supe que solo mi hermano, tu tío Lidenbrock, sabría revelar la información.
A mi me resultó raro que mis padres hubiesen preferido quedarse allí en vez de volver a Alemania, pero nosotros esperamos a que su amigo el piloto viniese para irnos con él y volver a Alemania a por nuestras cosas y a recoger a Grauben, porque allí viviríamos mejor, según mis padres aquel lugar, aquella "Isla Misteriosa" era un verdadero paraíso.
Bodas de sangre.
Acto cuarto
CUADRO PRIMERO
(Las VECINAS, arrodilladas en el suelo, lloran.)
VECINAS.
Cuchillitos, cuchillitos,
quitáis vidas sin pensar,
las quitáis y os vais sin más.
Madre usted no llore,
deje a un lado a la soledad,
porque aunque sea difícil,
usted tendrá que luchar.
ÁGATA. (Madre).
No puedo hacer nada más,
estoy sola,
primero mi marido, después un hijo y ahora el otro,
¿qué más me pasará?
Sólo me queda estar en mi casa,
me encerraré y me encerraré,
hasta que la muerte decida llevarme a mi también.
No puedo hacer nada más,
estoy sola,
primero mi marido, después un hijo y ahora el otro,
¿qué más me pasará?
Sólo me queda estar en mi casa,
me encerraré y me encerraré,
hasta que la muerte decida llevarme a mi también.
(La MADRE cierra la puerta de su casa dejando a la novia sentada en su puerta.)
NOVIA.
Aquí me quedaré,
de nada servirá
pero yo fui honrada, no hice nada.
Lo siento, lo siento,
coje el cuchillito y mátame ya
en esta vida, no me merezco estar.
Cinco meses después.
Estos meses, le dieron mucho que pensar a Ágata. Seguía con su soledad, intentando asimilar todo lo que le había ocurrido, pero solamente quería que esos miserables cuchillitos le atravesaran a ella, para poder irse con los suyos.
En este tiempo había llegado al pueblo una nueva vecina, llamada Fátima, con la que la madre había entablado amistad. Ella tenía unos 40 años, tenía un aspecto agradable, era alta y morena.
FÁTIMA (a ÁGATA).
Despierta, despierta, vámonos,
caminemos hacia donde nos dirige el sol.
Sin prisas y sin pausas
sin pensar ni juzgar,
sin mirar atrás,
disfrutando de la tranquilidad y la paz.
ÁGATA.
Ya he sufrido demasiado,
no me quedan lágrimas que derramar,
tendré que mirar al frente y no bajar la vista nunca más.
LA NOVIA.
¡Ay de verdad, esto yo no lo puedo aguantar!
Mía fue la culpa, mía nada más,
Me iré de este pueblo, y no volveré jamás.
En este tiempo había llegado al pueblo una nueva vecina, llamada Fátima, con la que la madre había entablado amistad. Ella tenía unos 40 años, tenía un aspecto agradable, era alta y morena.
FÁTIMA (a ÁGATA).
Despierta, despierta, vámonos,
caminemos hacia donde nos dirige el sol.
Sin prisas y sin pausas
sin pensar ni juzgar,
sin mirar atrás,
disfrutando de la tranquilidad y la paz.
ÁGATA.
Ya he sufrido demasiado,
no me quedan lágrimas que derramar,
tendré que mirar al frente y no bajar la vista nunca más.
TELÓN
CUADRO SEGUNDO
Plaza donde únicamente se escucha el bullicio de los niños jugando. En el centro una gran fuente de piedras antigüas en las que cae el agua que apenas se escucha. Al rededor de esta, unos bancos de hierro pintados de negro.
ÁGATA.
Que ven mis ojos,
no puede ser real,
no quiero empezar a recordar,
tú tuviste la culpa,
maldita sin piedad.
FÁTIMA. (a las dos)
Ya tiempo pasó, de ese horrible suceso,
no lo recordéis más,
eso sólo os hará sentir mal.
Y tú (dirigiéndose a la novia), eres joven,
deja el pasado atrás,
ya has pagado por ello,
ahora tendrás que olvidar.
Y tú (dirigiéndose a Ágata),
perdónala ya,
nadie tuvo la culpa,
era joven y se dejó llevar,
los tuyos, aunque no estén,
siempre te acompañaran.
¡Ay de verdad, esto yo no lo puedo aguantar!
Mía fue la culpa, mía nada más,
Me iré de este pueblo, y no volveré jamás.
ÁGATA.
Quizás no sea yo la que aquí deba estar,
yo ya no puedo aguantar más,
cogeré el cuchillito y me iré ya,
con los que me quieren,
con los míos de verdad.
Mientras tanto, ustedes disfrutar.
TELÓN.
FIN DEL DRAMA.
Continuidad de Moby Dick
Una vez vi a una mujer parada de pie en lo alto de una colina con un niño pequeño en brazos: miraba el mar con ansiedad. No hablamos. ¿Qué podría haberle dicho? Además, hay muchas mujeres como aquélla, y muchas colinas en el mundo desde donde otear el horizonte marino.
Seis años pasaron, seis largos años. Seis años en los que cada noche soñaba con que aquella bestia marina venía a por mi y me arrastraba con ella hasta las profundidades. Cada noche que pasaba era como David ante Goliat, un repugnante hombre solo en el mundo. Y fue así, cuando entonces, decidí escribir mis memorias marinas.
๑ ๑ ๑
Me llamo Herman Melville, soy un ciudadano de los Estados Unidos. Por casualidad me acabo de encontrar estas memorias de un arponero que por lo escrito en el libro y lo leído por mi persona, hace ya mucho que debería haber muerto.
El protagonista en ningún momento dice quién es en realidad, así que lo tomaré por anónimo. Por lo poco que llevo leyendo, nos relata las hazañas que tenía a diario contra ballenas, cachalotes y en alguna que otra ocasión hasta con el mismo diablo (su capitán Ahab).
Me resulta muy interesante la importancia que le daba ese tal Ahab a la caza de esa monstruosa ballena. ''Si te arrancó la pierna de un bocado, ¿para qué quieres perseguirla? ¿acaso quieres acabar con tu vida?'', estas preguntas me las hago a diario, cada vez que leo algunas páginas. Por mucho que intente buscar un razonamiento no lo encuentro, no lo hay.
Cada palabra que leo es como si estuviese allí, en aquel barco, infectado de un olor repugnante e infectado de ratas a las que se les llama hombres. No entiendo la razón por la cual los hombres no se amotinaban contra el capitán, las condiciones en las que los mantenía eran inhumanas.
Algo me dice que no he encontrado este libreto lleno de faltas de ortografía por casualidad. Este último año no me ha ido muy bien escribiendo, Dios me ofrece su ayuda y creo que aquí hay suficiente material como para destruir a tres como Moby Dick.
sábado, 31 de mayo de 2014
Continuación
CONTINUACIONES
Al morir
el heroico rey Ricardo frente al castillo francés de Chaluz,
cambiaron muchas cosas en las vidas de las personas que allí vivían.
Juan
SinTierra, hermano del difunto Ricardo volvió de Normandía, donde
habia vivido durante estos años por mandato del rey Ricardo. Juan
Sin Tierra llegó de forma muy vengativa, por la frustración y
humillación que su hermano le hizo pasar. Poco a poco comenzó a
enfrentar de nuevo a los pueblos normandos y sajones, el cual el rey
Ricardo unificó con mucho trabajo, además de favorecer a la
iglesia y quitarles las tierras a los sajones para dársela a los
normandos.
Ivanhoe,
que desde la inesperada muerte de su rey y amigo Ricardo, no
levantaba cabeza, ante tan deplorable situación, se sentía
totalmente impotente. Un día harto de ver las injusticias del rey
Juan, emprendió camino y se fue a buscarlo para pedirle
explicaciones y reprocharle sus acciones.
Se
encontraban reunidos en el salón principal el rey Juan con sus dos
subordinados Waldemar Fitzurse y Malvoisin, preparando sin duda otra
perversa acción, cuando de repente apareció un criado para anunciar
la llegada al castillo de Wilfred de Ivanhoe, que rogaba ser atendido
por Juan Sin Tierra.
-¡Maldito! Mucho a tardado -murmuró Malvoisin-
-¡Tranquilo! -Le replicó el rey Juan- he deseado y soñado con
este momento, quiero ver como se humilla y quiero expulsarlo de estas
tierras cuanto antes.
-Templad
mi rey -dijo sir Waldemar- vamos a pensar un poco y a relajarnos.
Wilfred de Ivanhoe ha sido el mejor vasallo, el más valiente soldado
y el más fiel hombre del rey Ricardo; creo que deberíamos estudiar
la posibilidad de que se uniera a nosotros, con él, podríamos ganar
muchas batallas.
-No es
mala idea -respondió Malvoisin- pero igual de orgulloso es, como es
buen luchador. No creo que acepte el ofrecimiento.
-Hacedlo
pasar -concluyó el rey Juan-
Entró
Ivanhoe en la sala, muy educadamente, le recriminó al rey Juan sus
fechorias, le explicó porque creía que todo lo que estaba haciendo
era injusto.
Estuvo
largo rato reprochando sus acciones, cuando terminó, el rey Juan
intentó engañarlo diciéndole que todo se podía solucionar si
entraba a formar parte de sus servicios;
le siguió
ofreciendo planes Waldemar intentando convencerlo, pero nada más
lejos de la realidad Ivanhoe respondió:
-Mi
único rey fue y será hasta el resto de mis días el rey Ricardo
“Corazón de león”.
Nunca, jamás seré
vasallo de ningún otro rey.
-¡Pues
no se hable más! -dijo muy enfadado el rey Juan- Mañana a primera
hora, un ejercito de hombres llegará a tus tierras y se apoderarán
de ellas. Espero no pongas resistencias. Abandonarás tu casa y tu
pueblo, marcharás de este país como un cobarde.
Ivanhoe
y Cedric de Rotherwood, se resistieron a marcharse hasta lo
imposible, pero al final no tuvieron más remedios que irse.
Ivanhoe
había tenido cuatro hijos con Rowena, tres varones y la pequeña ,
una hembra.
Toda la familia
junto a Cedric y un centenar de sajones que estaban en contra de los
abusos que se estaban cometiendo, se pusieron en marcha, escoltados
por la banda de Robin Hood hasta salir de Inglaterra.
Ivanhoe
decidió no ir a Normandía, ni a Francia, deseaba empezar una nueva
vida en un lugar donde no tuviera nada que ver con Inglaterra, así
llegaron a España. Se fueron asentando poco a poco y la verdad es
que les iba bien, en España había mucho trabajo en esos momentos y
salieron adelante.
Llevaban
ya un año en España cuando Rosaura, la hija menor de Ivanhoe,
enfermó.
Cedric de
Rotherwood, aunque había tenido que huir de su país, era un hombre
de posibles, es decir, que tenía dinero y la llevó a los mejores
médicos, sin resultados, pero se enteró que había una mujer judía
en Sevilla que era curandera, que tenía muy buena fama por toda
Andalucia. Entonces Cedric mandó a buscarla, pero ella, al enterarse
de quien provenía su petición, se negó a ir.
Desesperados Cedric y Rowena, por el empeoramiento de Rosaura,
decidieron llevar a la niña donde la curandera, pensando que una vez
allí no se negaría a curarla.
Estuvieron tres días de viajes, la niña llegó muy mal a la casa de
la curandera, pero nada más llegar, la atendió, Rowena y cedric
estuvieron dos días sin ver a la pequeña, ya que la curandera la
metió en una habitación en la que estuvo sin salir esos dos días;
pero el tercer día salió para explicar a su madre y a su abuelo el
mal que tenía Rosaura, Rowena casi se cae de la sorpresa al ver a la
curandera y dijo:
-¡ Pero
por Dios Santo! Si eres Rebeca, la joven judía que curó a mi
esposo.
Rebeca
no se sorprendió pues ella si sabía de quien se trataba. La
curandera trato muy bien a Rowena y a Cedric, les dijo que la niña
tardaría en recuperarse, aunque se pondría bien; que se tendría
que quedar allí algún tiempo pero que la niña saldría de su casa
andando con sus propios píes.
Rowena
mandó la información a Ivanhoe, que se había quedado en Valencia
por motivos de trabajo. Ivanhoe en cuanto pudo bajo hacia Sevilla
para encontrarse con su esposa y su hija, sin saber quien era la
curandera. Al llegar vio que la niña estaba mucho mejor y se dispuso
agradecerle a la curandera sus milagrosas acciones.
Cuando
Ivanhoe vio a Rebeca, fue como si una lanza lo atravesara de arriba,
abajo, desde entonces Ivanhoe nunca volvió a ser feliz, porque esa
bella judía lo cautivó y no se la podía sacar de la cabeza. Siguió
fiel a su esposa Rowena pero en su corazón llevaba a Rebeca.
FIN
CONTINUACIÓN DEL LIBRO LA LEY DE LA CALLE
CONTINUACIÓN DEL LIBRO LA LEY DE LA CALLE
Veía como mi mejor amigo Steve se alejaba lentamente por la inmensidad de la solitaria playa. Yo estuve unas horas allí sentado sin hacer nada, mirando al infinito con la mirada perdida pensando en que podría hacer. Cuando anocheció me fui a casa.
Al día siguiente mientras estaba en un bar pidiendo algo de comer se me acercó por detrás un hombre de piel negra con pinta de vagabundo y al estar yo solo en el bar me dijo:
- Hola, me llamo Edwars, encantado- dijo ofreciéndome amablemente la mano en señal de saludo.
-Yo soy Rusty James, ¿qué se le ofrece?- pregunté devolviéndole cordialmente el saludo.
- No tengo nada que comer, llevo varios días sin comer y espero que usted me ayude- me dijo mientras se sentaba en uno de las sillas que había a mi lado.
- Como puede apreciar mi forma de vestir no soy muy rico y solo tengo lo necesario para poder sobrevivir diariamente- le dije cuando el camarero me sirvió la comida.
El hombre no entendió mi situación y se enfadó inexplicablemente. El hombre hacía bruscos aspavientos y gritaba muy fuerte mientras el camarero le pedía amablemente que abandonase el bar.
Yo no quería meterme en líos porque la policía ya me tenía fichado, pero yo tenía a la vez cabreo y sorpresa porque no sabía como ese tío se podía poner así por esta tontería, seguro que ese tío estaba pirado o algo parecido por no comer. La gente que pasaba por allí se quedaba en la puerta viendo el espectáculo y con la tontería ya habían allí bastantes personas reunidas.
Yo seguía sentado sin inmutarme haciendo como el que no me enteraba de nada sentado en la silla y mirando al frente cuando de repente el tío se acercó a mi y me largó un puñetazo.
- ¿Qué haces gilipollas?- le dije mientras me levantaba y me colocaba delante de él.
Iba a volverme a pegar cuando esquivé el puñetazo y se lo devolví con bastante fuerza, cayó al suelo y estaba sangrando por la nariz, se levantó y le volví a golpear y me tiré encima de él golpeándole en la cara sin parar. El camarero me separó y me tiró al suelo.
- ¿Qué haces?- me dijo mientras hacía aspavientos- lo vas a matar y te vas a meter en un lío.
Yo me quedé callado mientras miraba el rostro del hombre ensangrentado.
La policía llegó a los pocos minutos y me engancharon entre dos y uno me cachearon contra la barra del bar mientras el otro me ponía las esposas.
Pasaron varios días, y me metieron en la cárcel por culpa de mis antecedentes en el reformatorio. En la cárcel pasaba los días solo, no tenía amigos allí dentro y tampoco los quería porque la gente de allí no me gustaba ni un pelo como supongo que yo no le gustaba ni un pelo a ninguno. Los días parecían eternos y las noches ni te cuento, no dormía apenas y a veces hablaba con mi compañero de celda pero no éramos muy amigos, no sé tampoco tenía mucho interés en serlo. Un día uno de los policías se acercó a mi celda y me dijo firmemente y con voz seria:
-James, acérquese.
Odiaba que me llamaran así pero no quería meterme en problemas contestándole con enfado. Hice lo que me ordenó y abrió la celda y me llevó con él.
-¿Dónde me lleva?- exclamé.
- No pregunte y siga andando, hay alguien que ha pagado tu fianza y estás libre.
Me quedé callado y pensando quién podría haber pagado la fianza y es más a quién le importaría salvar a un tío como yo.
Llegué a la puerta, me devolvieron las cosas que me habían confiscado a la entrada en la cárcel y salí, allí estaba Steve.
- ¿Por qué has hecho eso?- le dije.
- Fui al bar donde pasó todo y el camarero me lo contó todo- me respondió.
- ¿Y cómo supiste que fui yo?- exclamé.
- Por la descripción que me hizo el camarero supe que eras tu, eres el único que conozca que tiene el pelo así- sonrió.
Desde entonces no hemos perdido el contacto y yo no he vuelto a meterme en ningún lío, esto me ha demostrado que tener un buen amigo siempre viene bien.
-James, acérquese.
Odiaba que me llamaran así pero no quería meterme en problemas contestándole con enfado. Hice lo que me ordenó y abrió la celda y me llevó con él.
-¿Dónde me lleva?- exclamé.
- No pregunte y siga andando, hay alguien que ha pagado tu fianza y estás libre.
Me quedé callado y pensando quién podría haber pagado la fianza y es más a quién le importaría salvar a un tío como yo.
Llegué a la puerta, me devolvieron las cosas que me habían confiscado a la entrada en la cárcel y salí, allí estaba Steve.
- ¿Por qué has hecho eso?- le dije.
- Fui al bar donde pasó todo y el camarero me lo contó todo- me respondió.
- ¿Y cómo supiste que fui yo?- exclamé.
- Por la descripción que me hizo el camarero supe que eras tu, eres el único que conozca que tiene el pelo así- sonrió.
Desde entonces no hemos perdido el contacto y yo no he vuelto a meterme en ningún lío, esto me ha demostrado que tener un buen amigo siempre viene bien.
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