(A la mañana siguiente, ambos de pié en la ventana con vistas al jardín y comienzan una conversación.)
MARIBEL. Marcelino, ¿quiero hablar contigo agora que tenenmos delante este precioso jardín?
MARCELINO. Por supuesto, hablemos. ( los dos agarrados de la mano delante de la ventana que está al otro lado del escenario.)
MARIBEL. (Nerviosa) Marcelino quería comentarte una cosa...
MARCELINO. Adelante, sin miedo...
MARIBEL. Me gustaría volver a retomar mi antigua profesión, la de costurera.
MARCELINO. ¿Costurera? ¿para qué? yo trabajo en la fábrica y no nos hace falta el dinero, ¿qué será de nuestros hijos? ¿no tendrás tiempo para cuidarlos?
MARIBEL. Marcelino, me gustaría retomar mi antiguo trabajo, me gustaría poder contribuir a la economía de la familia y he tomado esta decisión. Cuando tengamos nuestros hijos, los cuidaremos entre todos, yo le daré el pecho y mientras tanto tu estarás en la fábrica, cuando yo esté cosiendo se los dejaremos a tu madre. ¿No lo entiendes Marcelino? quiero tener una ocupación digna de una mujer.
MARCELINO. Yo no lo veo, Maribel. Tendríamos que distanciarnos mucho, porque yo estaré aquí en la fábrica y solo nos podremos ver los días no laborables. Tu estarás en tu trabajo y yo en el mío... esto hará que cada vez estemos más separados.Y¿ qué será de nuestros hijos? Apenas conocerán a su madre... Maribel ,por favor, quítate esa idea de la cabeza...
MARIBEL. Pero Marcelino, mi intención es que podamos tener aquí mismo mi taller de costura, en el jardín. Así no tendremos que separarnos y podremos estar todo el tiempo juntos. ¿Te parece buena la idea?
MARCELINO. Bueno eso ya cambiaría un poco las cosas, pero para formar una empresa necesitas trabajadores, (En tono burlesco) o ¿ piensas hacerlo tú sola todo?
MARIBEL. (Muy contena)Me gustaría contratar a trabajadoras dispuestas a salir de la vida que llevaban antes, ¿no crees que es una buena obra social?
MARCELINO. Me parece una labor social excelente pero, ¿conoces a alguien?
MARIBEL. (Con una gran sonrisa)No, pero de momento me traigo a mis amigas Pili, Rufi y Niní. Seguro que me ayudarán a encontrar algunas.
(Se abrazan de nuevo y poco a poco va cayendo el
TELÓN
domingo, 2 de marzo de 2014
Continuación del libro, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Henry Jekyll se echó a dormir sabiendo que en un par de horas sería Edward Hyde de nuevo, deseaba no volver a despertarse.
En la cama no paraba de darle vueltas a la cabeza pensando en qué pasaría al día siguiente, día en el que la ley debía atrapar a Mr. Hyde y matarlo por haber matado a un niño enfermo a base de palos y golpes. Por más que lo intentaba no conseguía conciliar el sueño. Pensó en hacer algo para que Hyde no acabara muerto, pero no se le ocurría nada hasta que se le vino a la cabeza algo: escapar. Su idea consistía en coger una maleta con lo preciso, un carruaje y escapar lo más lejos posible sin dejar huella.
Dio un salto de la cama, se dirigió hacia la mesa dónde tenía encima su maleta marrón, y la lleno de algunas mudas. En el espacio que quedó metió todo el dinero que cupo, y cuando iba a completar su equipaje llamaron a la puerta.
Corrió a mirar por la mirilla quién era. Se trataba de un policía registrando las casas en busca de Mr. Hyde. Jekyll estaba seguro de que no tenía nada en su casa que pudiera ser usado en su contra, y que no se volvería a transformar en Hyde hasta dentro de una hora. Así que, abrió la puerta y vio al policía.
Era un hombre bajo pero robusto, moreno, ojos verdes, nariz pequeña y con una boca muy grande. Parecía que tenía un poco de miedo por la misión que se le había encargado, pero se le notaba que era un hombre honrado y valiente y que cumpliría su trabajo sin quejarse. Dio un paso al frente.
- Soy el agente Robles. Necesito registrar su casa por el horrible incidente de ayer, disculpe las molestias si usted no tiene nada que ver, pero es mi deber hacerlo - dijo el policía pasando dentro -.
- Sí, claro, claro, lo entiendo - balbuceó Henry intentando casi ni mirarle -.
Subió a la planta de arriba, mientras Jekyll quedó abajo rellenando su maleta. El policía bajó y echó un vistazo por la planta baja. Antes de irse, espetó:
- Buenas noches, muchas gracias señor.
- Un placer - respondió cerrando la puerta -.
Cogió la maleta, salió a la calle y montó en el primer carruaje que pudo. Le dijo que cabalgara hasta el amanecer, en el sentido que quisiera, pero a un paso rápido y lejos de allí. Durmió todo el viaje, le despertó la luz del sol y el conductor gritándole que ya había amanecido. Se sorprendió al ver que Hyde todavía no había aparecido, seguía siendo Jekyll. Esto se debe a que el tiempo del brebaje no se consume mientras duerme, sino que solo hace efecto mientras está despierto. Así que si cuando se acostó le quedaba una media hora, todavía le quedaba lo mismo.
Se bajó del carruaje, pagó a su transportista y echó a correr hacia dentro de la ciudad al menos para saber dónde estaba. Era un pueblo pequeño, sin ni siquiera nombre. Llegó a un pequeño hostal, pagó su hospedaje y se encerró en una habitación. Calculaba que le quedaban segundos para volver a ser Hyde. De repente, se levantó y se puso frente al espejo.
Empezaron a deformarse sus piernas, sus brazos, incluso sus ojos tenían un color distinto cada uno. Se tiró al suelo de rodillas, se estaba volviendo loco. En su cuerpo se había formado un caos tremendo, las células de Hyde y Jekyll se estaban mezclando y su cuerpo no sabía reaccionar. Se dirigió al bañó, cogió la cuchilla de afeitar de un antiguo huésped y se cortó las venas. Allí quedo sin vida el cuerpo desfigurado de Edward Hyde y Henry Jekyll.
(Varios días después)
Marcelino.- Maribel, ¿damos un paseo por el lago?
Maribel.-Encantada. (Se dirigen hacia el muelle los dos.)
Marcelino.-Ya hemos llegado, espérate aquí que voy a por unos emparedados al bar, ahora vengo.
Cuando se dirige hacia el bar se tropieza y choca con una joven mujer. Era hermosa, pelo rubio, alta, ojos azules y una elegante vestimenta.
Marcelino.-Disculpe no te he visto.
Rocío.-Discúlpeme usted, soy muy torpe.
Marcelino.-¿Cómo te
llamas?
Rocío.-Mi nombre es Rocío
y el de ¿usted?
Marcelino.-Me llamo
Marcelino.
Rocío.-Encantada de
conocerte. ¿De donde eres?
Marcelino.-Igualmente.
Soy de aquí. ¿Y tú?
Rocío.-Un pueblo más
allá.
Mientras Rocío
hablaba, suena el móvil de Marcelino, es Maribel.
Rocío.-¿Quien es?
Marcelino.-Es mi jefe
del trabajo. Espera un momento.
Marcelino coge el
móvil y habla con Maribel.
Maribel.-¿Donde estás?
Te llevo esperando diez minutos.
Marcelino.-Perdón me
he distraído por el camino, ya voy.
Maribel.-Vale, adiós.
Marcelino.-Adiós. (Cuelga
el móvil.)
Rocío.-Bueno me tengo
que ir, ¿te gustaría quedar algún día?
Marcelino.-Por
supuesto. ¿Mañana podrías?
Rocío.-Vale, a las 5
en la Calle Real.
Marcelino.-Nos vemos.
Rocío.-Adiós.
Marcelino se dirige
hacia el muelle con los dos emparedados.
Maribel.-Por fin has
vuelto.
Marcelino.-Perdón es
que había mucha cola.
Maribel.-Vale. ¿Mañana
por la tarde podríamos hacer algo?
Marcelino.-No, lo
siento. Tengo una reunión importante a las cinco.
Maribel.-Bueno
entonces nada.
Pasó el día y ya llegaban
las cinco. Marcelino empezó a prepararse. Salió del piso y llegó a la calle
donde se había quedado. Allí estaba, sentada en una silla del bar. Marcelino
fue para ella.
Marcelino.-Hola Rocío.
Rocío.-Hola. (Con una
gran sonrisa en la cara.)
Marcelino.-¿Pedimos
ya?
Rocío.-Vale.
Vino el camarero y
pidieron la comida. Mientras preparaban la comida, los dos empezaron a hablar
de sus vidas. Mientras tanto, Maribel decidió ir a dar un paseo sola y dio la
casualidad que iba a pasar por la calle en la que se encontraba Marcelino y Rocío.
Maribel se sorprendió al ver a Marcelino con otra mujer porque ella pensaba que
su marido estaba en una reunión importante. Ella salió corriendo llorando
porque se sentía engañada. Cuando Marcelino regresó a su casa Maribel lo estaba
esperando muy enfada.
La senda del escritor.
Decidí hacer una relación de lo que me había ocurrido el último
año. Para ello, saque un tintero que había comprado antes de venir, y tomando
la pluma del ave Fénix, que con tanto esmero conservaba, comencé a escribir sin
dificultad, como si a través de ella resucitasen de nuevo lo sucesos de aquel
año.
Sin temblarme la memoria, escribí: Yo, el pobre Robinsón Sánchez,
habiendo naufragado durante una terrible tempestad, llegue a la playa de esta
miserable e infortunada isla, a la que llamé de la Desesperación...
Los días aquí en la sierra son largos y aburridos. Mi padre se
pasa todo el día fuera, esperando que pase un tren, y mi madre siempre
con sus faenas, sola en casa. Yo me encierro en mi habitación y escribo y
escribo. Solamente hago pensar y añadirle partes a mi pequeño diario.
Un día mientras salí a pasear por la sierra, paró un tren y se
bajaron unos chicos que me dijeron:
-¡Eh, tú! ¿Qué haces por aquí?
-Vivo aquí.- respondí con un tono desconfiado.
-Que aburrido.-me dijeron ellos- ¿y qué haces para entretenerte?.
-Escribo un diario de mi último año.
-Pues por si te interesa, ahora hay un concurso para principiantes
escritores de libros.
- Sería muy interesante, gracias, pero no sé si me dará tiempo a
terminar mi obra.
-La próxima semana pasaré otra vez por aquí y te traeré toda la
información. Tengo que irme, adiós.
Tal como me habían dicho, a la semana siguiente me trajeron toda
la información del concurso, y después de leerla, decidí presentarme. Se
lo dije a mis padres y ellos me apoyaron en mi decisión. Luego me puse manos a
la obra para terminar mi diario, ya que quedaban pocos días para que finalizase
el plazo de presentación.
5 meses más tarde.
Todos los lunes, cuando paraba el tren que cada semana llevaba el
correo de una ciudad a otra, yo me acercaba por si había alguna carta para mí,
pero las semanas pasaban y pasaban, y no llegaba noticia alguna. Un día, por fín,
me llegó una noticia buenísima, había recibido una beca para entrar en la Universidad
de Salamanca el próximo curso, donde estudiaría y podría seguir escribiendo.
Mis padres se alegraron
muchísimo, me dijeron que vendrían a visitarme todas las veces que pudieran.
Al día siguiente, cuando paró el tren se bajaron Andrés y Ernesto,
pues así se llamaban los chicos que me trajeron la información del concurso,
ellos ya se habían enterado de que había ganado.
- Muchas
Felicidades, Miguel, nos alegramos muchísimo, dijeron ellos.
-Gracias.
En Septiembre me marcharé para Salamanca, para comenzar mis estudios.
-Ya lo
sabemos. Veníamos a decirte que nosotros también estudiaremos este próximo curso allí.
-¡Qué
bien!, pues ya nos veremos.
Por fin llegó el día, tenía muchas ganas de emprender mi viaje,
estaba seguro de que iba a conseguir llegar a ser un escritor importante en
esta vida, y para ello, pondré todo mi esfuerzo.
Marianela.
Después de
la muerte de Marianela le confesaron a Pablo la verdad sobre aquel trágico suceso.
El joven al oír tales palabras se quedó muy asombrado y se dijo:
-¿Por qué no
supe valorarla? -balbuceó en voz muy alta.- Ella ha perdido la vida por mi
culpa, debido al sufrimiento que yo le he causado. ¿Por qué he sido tan tonto?
¡Me ayudó muchísimo y lo dio todo por mí y yo he provocado su muerte!
Pasaron los días y el recuerdo de la Nela seguía vivo en la cabeza de Pablo, que no había salido para nada de su casa ni se había atrevido a ir al sepulcro de la pobre niña. Solo salía con frecuencia de la casa para recordar y añorar los paseos que daba con Mariquilla por los bosques y los caminos que había alrededor de las minas de Socartes.
Un día decidió ir hacia el cementerio para poder ver el sepulcro de su querida y así poder ofrecerle un precioso ramo de flores como muestra de arrepentimiento por lo que había hecho. En su camino, al pasar por el ayuntamiento, escuchó mucho ruido y vio a una multitud de personas, pero él siguió adelante. Al llegar a su destino, para su grandísima sorpresa, ¡el sepulcro de la Nela estaba abierto y no había nadie en su interior!
-¿Que ha pasado aquí? ¿Dónde se encuentra la Nela? -gritó con gran estupor.
-Rumorean por ahí que el cuerpo de esa que hablas, de la Nela, se lo han llevado esta misma mañana unos jóvenes malhechores que lo único que quieren es hacer el mal y dañar a las personas -le respondió una señora alta y delgada que pasaba por el cementerio en aquel momento y lo había escuchado.
El joven al oír tal cosa lo primero que se le vino a la cabeza es el barullo que había antes el ayuntamiento y pensó que podría tener algo que ver. Así que se le ocurrió correr hacia allí para ver lo que había pasado exactamente y ayudar en lo que pudiera para encontrar el cuerpo de la Nela. Al llegar al Ayuntamiento se tropezó con el gran barullo de gente que había allí, muchas más que cuando él había pasado un rato antes y, después de preguntar a un par de personas, se dio cuenta que el gran alboroto que se había formado allí obedecía a lo sucedido con Marianela que, tras su desaparición, había aparecido y se encontraba allí, delante suya, a punto de llevárselo de nuevo al cementerio.
Una vez que el cuerpo estuvo de nuevo en el cementerio, lo introdujeron en el sepulcro y se aseguraron de que estuviera cerrado perfectamente para que pudiera descansar en paz y no ocurriera ninguna otra desgracia. Todas las personas se fueron y Pablo se quedó solo en aquel lugar. Permaneció mucho tiempo al lado de la tumba de la Nela llorando y recordando momentos. Seguidamente se preguntó:
Una vez que el cuerpo estuvo de nuevo en el cementerio, lo introdujeron en el sepulcro y se aseguraron de que estuviera cerrado perfectamente para que pudiera descansar en paz y no ocurriera ninguna otra desgracia. Todas las personas se fueron y Pablo se quedó solo en aquel lugar. Permaneció mucho tiempo al lado de la tumba de la Nela llorando y recordando momentos. Seguidamente se preguntó:
-¿Por qué? ¿Por qué tuviste que irte? -dijo con los ojos cubiertos de lágrimas y en voz muy alta, casi gritando -creo que debo de estar a tu lado estés donde estés.
Y así pues, después de pronunciar estas palabras, sacó un puñal de su bolsillo y lo clavó en su pecho. De esta manera pudo permanecer al lado de Marianela para siempre.
Ivanhoe
Wilfred y Rowena vivieron felices muchos años y su matrimonio se vio bendecido con numerosos hijos. Se amaban desde la infancia, y los muchos obstáculos que les habían separado durante tanto tiempo hacían que su amor fuera más intenso. Ivanhoe ocupó destacados cargos al servicio de Ricardo hasta la prematura muerte del heroico rey frente al castillo francés de Charluz. Sería, sin embargo, faltar a la verdad, si no añadiéramos que el recuerdo de la belleza y la bondad de Rebeca acudía a la mente y al corazón del hijo de Cedric con más frecuencia de lo que la hermosa Rowena hubiera deseado.
Poco tiempo después de su boda, Rowena y Wilfred tuvieron gemelos. Críspulo y Áureo que así se llamaban los dos pequeños, eran rubios de ojos como el carbón. Además de ser valientes y luchadores como su padre, tenían la belleza de las facciones de su madre. Al cabo de tres años vino la tercera, Atilana y dos años más tarde Ivanhoe y Rowena tuvieron a la última de su familia, la más pequeña y bella de todos, Adrey.
Cuando los dos niños tenían aproximadamente la quincena de años, Inglaterra entró en conflicto con España. A ella tuvo que dirigirse Ivanhoe como comandante de una de las tropas que el rey Ricardo había mandado.
Allí, se encaminaron hacia Andalucía, donde encontró a la bella Rebeca que se había convertido en una gran conocida por sus facilidad de curar, gracias a los conocimientos que adquirió de la mujer judía que la cuidó.
Una noche, hizo que Wamba fuese a buscar a Rebeca. Al llegar ésta, cenaron juntos y tras numerosas copas de vino se encaminaron hacia el dormitorio. Rebeca cuando vio las intenciones de Ivanhoe se negó, ya que éste tenía esposa pero no pudo resistirse con el amor y atracción que tenía hacia él.
Esa misma noche, Rebeca se quedó embarazada de Wilfred pero al despertarse por la mañana él se arrepintió de lo ocurrido, aunque ya no había vuelta atrás. Al sentirse indignado de haber mancillado su nombre con una judía, decidió acusar a Rebeca de haberlo engañado con sus pócimas y conjuros.
Se organizó un juicio donde se juzgaba la habilidad de Rebeca, pensaban que era bruja, por tanto, la acusaban de hereje. Como era de esperar lo perdió ya que la palabra de un importante guerrero y comandante de las tropas del rey Ricardo sería mucho más importante que las palabras de una pobre judía. Al cabo de declararse su sentencia, la condenaron a morir en la hoguera.
Poco tiempo después de su boda, Rowena y Wilfred tuvieron gemelos. Críspulo y Áureo que así se llamaban los dos pequeños, eran rubios de ojos como el carbón. Además de ser valientes y luchadores como su padre, tenían la belleza de las facciones de su madre. Al cabo de tres años vino la tercera, Atilana y dos años más tarde Ivanhoe y Rowena tuvieron a la última de su familia, la más pequeña y bella de todos, Adrey.
Cuando los dos niños tenían aproximadamente la quincena de años, Inglaterra entró en conflicto con España. A ella tuvo que dirigirse Ivanhoe como comandante de una de las tropas que el rey Ricardo había mandado.
Allí, se encaminaron hacia Andalucía, donde encontró a la bella Rebeca que se había convertido en una gran conocida por sus facilidad de curar, gracias a los conocimientos que adquirió de la mujer judía que la cuidó.
Una noche, hizo que Wamba fuese a buscar a Rebeca. Al llegar ésta, cenaron juntos y tras numerosas copas de vino se encaminaron hacia el dormitorio. Rebeca cuando vio las intenciones de Ivanhoe se negó, ya que éste tenía esposa pero no pudo resistirse con el amor y atracción que tenía hacia él.
Esa misma noche, Rebeca se quedó embarazada de Wilfred pero al despertarse por la mañana él se arrepintió de lo ocurrido, aunque ya no había vuelta atrás. Al sentirse indignado de haber mancillado su nombre con una judía, decidió acusar a Rebeca de haberlo engañado con sus pócimas y conjuros.
Se organizó un juicio donde se juzgaba la habilidad de Rebeca, pensaban que era bruja, por tanto, la acusaban de hereje. Como era de esperar lo perdió ya que la palabra de un importante guerrero y comandante de las tropas del rey Ricardo sería mucho más importante que las palabras de una pobre judía. Al cabo de declararse su sentencia, la condenaron a morir en la hoguera.
Continuación de Zalacaín el aventurero
CONTINUACIÓN DEL LIBRO
"Zalacaín el aventurero":
Al día siguiente de la muerte del héroe llamado Martín Zalacaín, todo el pueblo de Urbía estaba muy deprimido. Las calles estaban desiertas, las ventanas de las casas estaban cerradas, las personas que estaban en las tabernas no hablaban de nada,...
El día del entierro, toda la gente se congregaba para presenciar como metían en el ataúd a Martín Zalacaíny como lo enterraban bajo tierra en el cementerio local de Urbía. Allí estaban Catalina, que se había quedado sin marido, Bautista, que no volvería a ver a su mejor amigo y a su cuñado, también estaba su amigo el extranjero que se limitaba a mirar al suelo sin decir ni una sola palabra, y su hijo que lloraba porque no vería más a su querido padre. Rosita había hecho un esfuerzo para ir a Urbía desde Logroño y Linda que también había ido a rendirle un homenaje al querido Martín Zalacaín.
El féretro estaba rodeado de flores que la gente había comprado para ponérselas al lado de su cuerpo en señal de respeto y de homenaje.
Durante toda la ceremonia, la gente estaba callada mientras escuchaban al sacerdote diciendo las palabras adecuadas para un entierro hasta que pidió que si alguien quería dedicarle unas bonitas palabras al recién fallecido. En aquel momento se levantó Bautista Urbide y dijo que él si quería decir algunas palabras. Las cosas que dijo ese hombre fueron fantásticas, la gente lloraba, se emocionaba, alucinaban,... Cuando terminó el discurso, que duró más de media hora, toda la gente se levantó, algunos secándose las lágrimas y todos empezaron a tocar las palmas. Catalina lloraba más que nunca, Ignacia intentaba calmarla diciéndole que a todo el mundo le llegaría su hora y que la hora de su marido había llegado ya.
El entierro terminó, la gente se fue comentando lo que había ocurrido, sobretodo las palabra citadas por el cuñado de Martín Zalacaín. Bautista e Ignacia acompañaron a Catalina y a José Miguel a su casa. Los cuatro merendaron y Bautista e Ignacia se tuvieron que ir porque era tarde.
Al día siguiente el pueblo volvió a la vida. Los niños jugaban al fútbol en las calles, la gente de las tabernas hablaban a voces y en las ventanas de las casas se veían flores y macetas.
Había alguien que aún no estaba conforme. Esa persona era Bautista Urbide, el cuñado de Martín Zalacaín. Le extrañaba bastante que no le hubieran hecho la autopsia ni ningún tipo de verificación. Los médicos decían que había sido por la edad y por todo lo que le había ocurrido en el pasado, aunque Bautista no creía que esas eran las causas de la muerte de su cuñado y amigo, el héroe Martín Zalacaín.
Bautista le contó a Catalina lo que pensaba y ésta también estaba de acuerdo, por lo que Bautista fue a pedir que le hicieran la autopsia a Martín Zalacaín. El médico accedió a hacerle la autopsia a Martín Zalacaín. En dos semanas le darían los resultados a Bautista y a la familia de Matín.
Casi a las tres semanas de que le hubieran hecho la autopsia llegaron los resultados. Bautista abrió el sobre y cuando leyó el documento, se quedó tan perplejo que parecía una piedra, como un cuerpo sin vida. ¡Martín había sido asesinado! No solo eso sino que había sido envenenado. Los que estaban presentes se preguntaban que por qué y quién había sido el que había asesinado a Martín Zalacaín.
Un mes después de buscar pistas y de indagar, encontraron que Carlos Ohando trabajaba con mercurio, que era el veneno con el que había matado a Martín Zalacaín. La policía buscó y encontró a Carlos Ohando. Al final se había hecho justicia. El cuerpo de el héroe Martín Zalacaín podía descansar en paz.
Un año después, hicieron una escultura de Martín Zalacaín en honor hacía su persona.
FIN
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